Tú sí que sabes

Me separé el noviembre pasado y al poco tiempo conocí a un chico. Sí, ya he dicho que seguiré llamando chicos a mis congéneres aunque superen los 50.
Hoy no entraré en el tema de lo que se espera de hombres y mujeres cuando se separan de sus parejas.
El caso es que conocí a un chico, me enamoré y tiré todos mis principios por la borda. Principios que no sé de dónde había sacado, pero que tenía. Tampoco sé de dónde saqué la embarcación de los cuales los tiré. Pero ¿para qué están los principios? Sino para desecharlos y buscar nuevos.

Me enamoré cual quinceañera, pero con la experiencia de mis 36… si tuviese el cuerpo que tenía a los 15 ya hubiese sido la rehostia.
Pero claro, ya no eres una quinceañera y tu “noviete” tampoco lo es, a no ser que seas una pederasta.
Y en el pack suelen venir una ex celosa, un compañero de piso peculiar, unos hijos insoportables o, si tienes suerte, el pack completo.

El mío, por suerte, sólo  venía con dos panes bajo el brazo. Yo, que nunca quise tener hijos, me junto con alguien que tiene dos pequeños. ¿entendéis ahora por qué digo lo de los principios?
Pero que yo no haya tenido hijos, no implica que no me gusten los niños. Me encantan, sobre todo porque no son míos.
He disfrutado y sufrido con los de mi hermana, adoro a los de mi hermano. Me aprovecho de todos los de mis amigas. Pero cuando llego a mi casa, recupero el silencio y todo el espacio de mi mente para mí.

Y claro, empiezas a comentar con las amigas que te has echado ligue. Tampoco sabes muy bien como llamar a tu noviete a esas alturas.
Él se lo explicó a su hijo mayor un día diciéndole que éramos un “poco novios”. Lo de “poco” es porque nos veíamos poco o porque llevábamos poco o porque no quería asustar a la pobre criatura con las palabra “NOVIOSSSS”
Así que él para mi es mi Poconovio, como el Pocoyo.
El caso es que admites que tienes a alguien especial, que estás super bien, que estás super enamorada, que el es super buen tío. Sí, todo es super en esos momentos.
Y claro, las amigas que nunca han entendido que renunciaras a la maternidad, al enterarse que tu maromo tiene descendencia, te sueltan:
¡Tú sí que sabes!
¿Tú sí que sabes?
pregunto yo, imaginando por dónde van los tiros.

Claro, disfrutas de los niños el rato que quieres y cuando te cansas te vas. Ni responsabilidad ni rutinas, ni nada de lo malo.

Pero es en ese instante  que yo oigo como se rasga la película y pienso ¡Alto! ¿Yo sí que sé?
Si hubiese sabido, hubiese pillado a un veinteañero en pleno apogeo sexual, que viviera en casa de los papis y que no pensara ni por asomo en perpetuar su linaje.
Estar con un chico que tiene hijos no es saber, es enamorarse y apechugar con tu elección.

Y entonces es cuando yo me imagino la situación al reves.
Mi ex se liga a una tía que tiene dos criaturas.
Y sus amigos en la vida le dirían ¡Tú sí que sabes!
Le dirían ¡Tú eres gilipollas!

Y es que es así
pero entonces ¿por qué pensamos así las tías?
Al menos las de mi quinta

Una compañera más joven, en la veintena, me dijo un día que pensaba que debía haber “zorreado” más antes de echarme un novio, aunque fuese un Poconovio.

Creo que la generación que nos sigue tiene los conceptos más claros.

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