Matilde

El otro día pillé el tren para ir a Mataró.
Estaba esperando en el andén cuando una cordial señora me preguntó por
el que iba a Masnou.
Hace un año yo era del tipo de personas que elude el contacto visual
con extraños y le hubiese contestado de mala gana o con monosílabos.
Pero desde hace un año que hablo hasta conmigo misma. Me encanta
llevarme la contraria o hablar conmigo en plural. Sí, lo sé, ya le he
dicho a mi alter ego que estos son los primeros síntomas de demencia,
pero ella no me quiere creer. Siempre va a la suya.

Así que desde mi nuevo yo charlatán le dije a la afable señora que era
el que esperaba yo, que ya la avisaría, ya que las pantallas no
funcionaban y la voz de megafonía no se entendía. ¡Menuda novedad!
¿cuándo se ha entendido la voz que suena por un sistema de megafonía?
Tengo la teoría que en realidad en aeropuertos, estaciones de metro y
supermercados las instalaciones de megafonía ya son de calidad
digital, pero que aún así utilizan grabaciones en modo “antiguo e
inenteligible” para que todos nos sintamos a gusto al poder decir:
shhh, que no se entiende lo que dice… ¿lo ha entendido usted?
Se trata de una estrategia para que personas desconocidas entablen una
conversación que de otro modo nunca hubiese tenido lugar. ¿cuántas
parejas se habrán conocido de este modo?
¿cuántas personas se habrán equivocado de andén? ¿cuántas habrán
encontrado tarde la oferta de 3 x 2 del chopped?

Al cabo de unos momentos de espera en la sofocante atmósfera que se
respiraba en aquel andén  – que mi interlocutora y yo combatimos a
golpe de abanico, yo golpeando el aire, ella el pecho – llegó el tren.
Le indiqué a ella que ese era el nuestro. Nos levantamos, ella me
siguió y oí como me decía que no quería hacerse pesada que no hacía
falta queee… yo ya había encontrado dos asientos y le indiqué que
nos sentáramos juntas.
Una en frente de la otra. Me moría de ganas que esa persona empezase a
contarme de su vida, intuía que tenía mucha sabiduría por compartir.
Y así fue.

Empezamos a comentar el sofocante calor, tema recurrente donde los
haya, sobre todo cuando acabas de salir viva del andén de Plaza
Cataluña en pleno mes de agosto.
Y enseguida empezamos a hablar de nuestras vidas. Ella me habló por
qué iba a dónde iba, de dónde venía y que su hijo se había divorciado.
Si, todo va unido.
Es un hecho que he comprobado por mí misma. Te acabas de separar y
comentes lo que comentes, a la tercera frase ya lo estás contando.
Pareces una alcoholica en una reunión de esas que sólo he visto en las
películas americanas: hola me llamo ursula y estoy divorciada.

Así que cuando me dijo que su hijo se había divorciado me reí y ella
cazó al vuelo lo que esa risa significaba.
Y así seguimos durante media hora, ella recomendándome desde la
sabiduría de su experiencia que no me fuese a vivir con mi poconovio,
que yo ya hacía bien en estar como estábamos.
Que lo alargase lo más posible, que cada uno por su lado, que
viajecitos juntos sí, pero compartir vivienda, como que no.
Es curioso porque todas las mujeres me dicen lo mismo, es más, yo
también lo pienso. La convivencia rápidamente se convierte en
sinvivencia o eso me temo.

Lamenté cuando llegó el momento en el que ella tenía que bajar, me
hubiese gustado parar el tiempo en ese instante para saber más de su
marido, su hijo, sus nietos y la víbora de su ex-nuera.
Se levantó y yo la cogí de las manos. Sí, el contacto físico es algo
que ahora también practico. Con ella ya de pie, yo cogiéndole de las
manos, le dije mi nombre y ella me regaló el suyo con una sonrisa.
Matilde repetí, dejando que la l y la d chocaran en mi paladar. Saber
cómo llamarla si me la volvía a encontrar en el andén era una
sensación placentera. Recordar esta anécdota con su nombre, un pequeño
regalo.

Matilde esperó en la puerta del tren y al bajarse se giró para
despedirse con la mano. Yo la imité.
El tren reemprendió su marcha y yo sonreí con ese dulce resabor que
dejan las conversaciones sinceras, sin tapujos, sin frases hechas, con
la sabiduría de lo cotidiano y que sabes que quedarán en el anonimato
de un vagón de un tren de cercanías.

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