NY o el viaje a mí

Volví de mi viaje a Nueva York. Estuve muy a gusto con todos. Tuve mis momentos con la escritora, pero porque ella lleva un ritmo y yo llevo otro. Ella es de una manera y yo de otra, pero nada grave.
Un buen aprendizaje.

No esperaba nada en concreto de este viaje y todo fue como un inmenso regalo. La ciudad, la gente y sobre todo los amigos de la escritora. Creo que fueron lo mejor del viaje. Conocer a gente nueva con tan buen rollo y tan abierta te llena de energía positiva.
Además, es muy diferente conocer una ciudad como guiri, que como guiri con acompañante del lugar. Gracias a ellos pudimos ver otro lado de la ciudad.
Y me encantó.

Me encantó irme de viaje con amigas y me encantó volver para reecontrarme con mi vida.

Y creo que he vuelto con las cosas más claras.
El día que me fuí llegó la sentencia del juez. Ya estoy legalmente divorciada.
En realidad no cambia nada, es como casarse cuando ya llevas años viviendo en pareja.
Pero debo tener un mecanismo interno, alemán seguramente, que ahora parece estar mejor engrasado.

Ahora puedo centrarme en buscar y crear mi propio hogar.
Creo que esto es lo que me está dando cierta estabilidad.
Saber que el proceso que inicié hace menos de un año está llegando a su fin.
No sabía muy bien adónde me iba a llevar este viaje, pero poco a poco estoy viendo el cartel de destino y en letras grandes creo que puedo leer mi nombre.

Sí, ha sido un viaje que no sabía muy bien dónde iba a terminar, pero resulta que ha terminado llevándome a mí. Aunque no creo que haya terminado, más bien creo que no ha hecho más que comenzar.
Anteayer le decía a mi exposo que yo sí había cambiado, pero no tengo muy claro si he cambiado o si he recuperado a la que era hace unos cuantos, muchos, años.

Me lo imagino como cuando quieres que tu hijo toque el piano, y lo hace, no es su ilusión, pero lo hace e incluso lo llega a hacer bien.
Pero lo que realmente quiere tu hijo es bailar… y cuando finalmente sale a la pista de baile se da cuenta que ese es su elemento… y ves que fluye.

Pues yo he empezado a bailar. Creo que empecé tímidamente, con miedo a resbalar o dar un paso fuera de compás. Y los he dado, pero ya no temo al ridículo, ya no.
Y poco a poco, me he ido quitando los zapatos, soltando la melena y cerrando los ojos para disfrutar al máximo. Llevo una copa de más y la sensación es embriagadora.
No me canso de respirar esta vida, de la que quiero más, porque ya no me agota.

Y pienso que este nuevo yo estaba allí, que siempre lo estuvo. Es el que me daba patadas en el estómago, haciéndome sentir fatal, pero que sólo me estaba diciendo que dejara de intentar tocar el piano, cuando lo que yo quería era bailar.
Aún me duele ver como el piano está en una esquina sombría, pero espero que manos más expertas que las mías lo vuelvan a hacer sonar como yo no lo supe hacer.
Tal vez algún día pueda bailar a su son, pero por ahora no cuento con ello.

Por ahora seguiré bailando sola, acompañada, pero sin que nadie me guie.

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