de pulpo a pez y de vuelta a pulpo

El domingo que viene voy a una fiesta familiar de mi poconovio. Será la segunda vez que acuda a una cita de este tipo y estoy algo intranquila.

La primera vez estuve muy a gusto, son personas que se quieren y se nota en sus gestos, en las miradas y en cómo se tratan los unos a los otros.

Sí, todo eso lo pude observar la última vez que estuve con ellos y es difícil ser téstigo de algo así cuando uno lo ha vivido y lo ha perdido.

Mi excasa era, en muchas ocasiones, punto de encuentro de mi familia, pero sobre todo de la familia de mi exposo.

Me costó hacerme a su manera de ser, pero con lo años aprendí a quererles y a disfrutar con ellos.

Me encantaba tenerles en casa y notar que ya no se querían ir, empalmando a veces comida con cena. Sobre todo durante las fechas navideñas.

Los niños pasaron a ser adolescentes, luego se hicieron adultos y trajeron a sus parejas.
Fue una etapa agradable, ya que dejé de ser definitivamente la chica nueva de clase.
Los niños ya no se aburrían en la mesa de los mayores, sino que se quedaban a explicar sus primeras experiencias fuera de casa, en el primer trabajo, volviendo a estudiar, perdiendo el trabajo…

Yo ya no me sentía fuera de lugar en aquella familia porque yo formaba parte de ellos.

También entendí la diferencia entre amigas y cuñadas, hermanas y cuñadas y tantas otras sutilezas que enriquecen (y a veces cuecen) la vida de tu familia política.

No eran la familia con la que me había criado, pero sí con la que había madurado.

Y cuando me separé supe que les perdería, pero no era lo más importante en aquel momento. Ya llegaría el momento de darme cuenta de todo lo que significa separarse.

Debió de ser idea de alguno de esos  diablillos que tienen contratados para ponerme en mi sitio de vez en cuando. Cuando notan que llevo días feliz y contenta se ponen de acuerdo y me enfrentan a una nueva situación. Lo hacen por mi bien, lo hacen para que sea más fuerte. Cuando les pille les demostraré lo fuerte que me han hecho.

Así que me dí cuenta que mientras antes disfrutaba cual pez en el agua con la familia de mi exposo, ahora me encuentro de nuevo como pulpo en un garaje con la familia de mi poconovio.

Y no me apetece nada sentirme así. Así que lo he pensado y ahora juego con un as en la manga: la experiencia.

Ya pasé por pulpo hace 16 años. Ahora sé quién es quién, pero sobre todo sé quien soy yo. Cosa que no tenía muy clara en mi primera fase como octópodo.

Así que no pienso llorar por lo que he perdido sino que pienso disfrutar de lo que he ganado. Y no es que ahora tenga una nueva familia, no, no es eso. Pienso disfrutar de las nuevas experiencias, de personas nuevas y de nuevas relaciones. Tal vez no me sienta como pez en el agua, pero tampoco dejaré que me crezcan tentáculos.

Y me tengo que reír de mi misma porque me estoy montando (por ahora mentalmente) un piso de soltera moderna, sofá de cuero negro incluido. Cuando lo que realmente quiero es tener una casa llena de personas queridas que vienen a comer y no se marchan hasta después de la cena.

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