privilegio

Esta mañana he tenido uno de esos momentos de lucidez en los que sientes que todo encaja. Parece que los elementos se hayan aliado contigo, el aire está impregnado de otoño y hogar, incluso los árboles se mecen al ritmo de tu música interior.

Me encontraba leyendo en el jardín, dentro estaba él tocando el piano, su hermana trajinando en la cocina, el libro entre mis manos era la lectura perfecta y el sol acariciaba mi rostro.

¿Qué más se puede pedir? No quiero ni que esto sea así siempre, sólo con saber que la vida puede ser así tengo suficiente. Es un privilegio sentirse así.

Este ha sido un fin de semana plagado de momentos dulces. Tal vez sea el hecho de alejarse de la ciudad, de la rutina, del ruido que no nos deja escuchar dentro de nosotros. Pasear con mi hermana por el pueblo en el que pasamos nuestros veranos azules, terminando la jornada en casa de mi hermano hablando de las cosas más cotidianas y triviales, pero que hacen de nosotros quienes somos.

Después de unas semanas en las que día sí y día también me he visto cerrando las puertas a mi pasado, desconectar totalmente ha sido un bálsamo para mis heridas y un reconstituyente para todo mi ser.

No pienso pedir disculpas por sentirme así de bien.

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