VIP

Recuerdo las primeras veces que lloré por algún chico. Tenía 15 o 17 años y parecía que el mundo se te venía abajo cuando el niño del que te habías enamorado no te hacía caso o las cosas no eran tan rosas como las pintaba Candy Candy.

También recuerdo a mi madre diciéndome que era un privilegio llorar por amor. Que había muchas razones para llorar, pero que llorar por amor era la mejor.
No la entendí en aquel momento y en un arranque pubertino creo que la mandé a algún sitio a darse un garbeo.

Desde hace años que recuerdo esa frase cada vez que el amor me hace derramar alguna lágrima. Las lágrimas de una privilegiada, me digo entonces para animarme.

Y este fin de semana he gozado de todos los privilegios.
Me entregaron la tarjeta VIP, la P es de privilegiada.

Ha sido una semana eterna de tormenta parental, con aguaceros, cúmulos nimbus y riadas, y seguirá la tempestad para largo, para muy largo. Tendrá efectos irreversibles y ya ahora empezamos a ver todas sus consecuencias.

Y en este estado de hipersensibilidad y nervios yo me propuse empaquetar las cajas con retazos de mi vida en mi excasa y con ayuda de mi exposo.

Empezamos la árdua tarea bien, pero a media tarde, una llamada familiar desmontó mi estudiada fachada de tranquilidad y buen rollo.
Y ahí estaba yo, hecha un mar de lágrimas, abrazada al que hasta hace un año era mi vida, mi todo, mi amor.
Y fue peor, fue mucho peor que mi exposo me intentara tranquilizar en sus brazos. Porque las puertas que cerré hace unos meses pero a las que me asomo casi cada día se abrieron de par en par y me hicieron caer al suelo. Y ahora ya vuelvo a estar en pie, pero se han vuelto a abrir muchas de las heridas que creía cicatrizadas, sí, de nuevo se han vuelto abrir.

Y sólo puedo pensar en esa frase ¡qué bello es llorar por amor! Y me la digo como un mantra para poder mirar hacia delante con el mismo optimismo que me llenaba de energía el viernes por la tarde.

Intento centrarme en lo positivo de todo esto, porque siempre hay algo positivo.
He recuperado a una de mis mejores amigas y ya no tengo que interpretar los silencios del hombre de mi vida.

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