disparando de nuevo

Como si de una boda gitana se tratase, llevo celebrando mi mudanza desde hace un par de días. La primera parte fue llevar todo lo que utilicé durante este último año en el piso de la independencia.

La segunda, recoger las cajas que había dejado preparadas en casa de mi exposo.

Y ya está casi todo en su sitio, restan 4 cajas por abrir. Pero por ahora quedarán así.

La mesa que me enamoró hace dos años comparte ya casa conmigo. Nunca le gustó a mi exposo, pero yo la saludé y la abracé como a un viejo amigo. Echaba de menos sus imperfecciones, su calor y su tacto.

Tengo muchos proyectos en la cabeza, quiero cambiar muchas cosas para convertir este piso en lo que yo entiendo como hogar. Aún estoy lidiando con la sensación de soledad, pero pienso que los nuevos planes me mantienen tan ocupada que apenas tendré tiempo para deprimirme con el pensamiento de que sigo sola en esto.

Ayer desempaqueté ropa, libros, enseres de cocina y fotos que hacía más de un año que no utilizaba. Miré mi álbum de fotos de boda sin derramar una lágrima y pensé que todas las rupturas deberían ser así. Si todo esto lo hubiese tenido que hacer hace un año, me hubiese venido abajo. Ahora sigue siendo duro dejar atrás tantos años, tantos planes, tantos sueños. Pero he tenido un año para coger fuerzas, para mentalizarme, para rehacerme, para reinventarme. Llevo un año entrenando para esta nueva vida.

También juego con la ventaja que sigo teniendo una buena relación con mi exposo. Aunque, al pasar medio día con él, soy consciente que ya no podría volver a mi antigua vida. Me sigue gustando su humor corrosivo, sus comentarios agudos y su capacidad de no alterarse. Pero sigo echando en falta todo lo que me hizo cerrarle la puerta.

Siempre he pensado que la vida en pareja debe compensarte. Nunca encontrarás a alguien que encaje perfectamente con la figura que has ideado en tu cabecita. Es más, pienso, que si alguna vez encontrase a alguien así, me aburriría tremendamente o estaría tan asustada que saldría huyendo.

Pero lo que quería decir es que hoy ya no me compensaría volver a mi antigua vida. El frágil equilibrio de la balanza se decantó por el “no me compensa” y de ahí ya no podrá volver al “me compensa”. Porque lo que me compensaba en muchas ocasiones era que simplemente estaba enamorada. Pero cuando ese sentimiento se marchó lo hizo para no volver.

Pero pese a todo, sé que una parte de mi exposo siempre será una parte de mi, como también sé que parte de mi felicidad pasa por saber que él esté bien.

Y la gente me pregunta si soy feliz con mi poconovio. Y lo soy, pero no puedo dejar de pensar que toda esta felicidad la anhelaba con mi exposo. Renunciar a toda esa imagen que había forjado en mi mente no deja de ser eso: renunciar.

Pero pienso que a veces es mejor renunciar a tiempo. No lo entiendo como una derrota, sino como un… ¿cómo diría J. Malonda? Como una dispara, apunta y vuelve a disparar.

Disparé, erré y ahora que sé dónde está el blanco, volveré a disparar.

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