de niña a mujer

2011 ha llegado sin casi darme cuenta.

Estuve en Madrid después de Reyes y fue entonces cuando fui consciente del cambio de dígito. Fue durante una conversación distraída, a la luz de una deliciosa cena y en la mejor de las compañías que surgió el tema. Mi poconovio mencionó el 2011 y fue en ese momento que la cifra caló en mí. Dos mil once.

Si es que desde hace un año que descarto muchas informaciones que antes almacenaba obsesivamente. Sabía que cambiábamos de año, pero lo que no se había grabado en mi disco duro era que entrábamos en el 2011. Dos mil once.

Mi calendario personal se había quedado anclado en 2009.

Con eso no quiero decir que no me haya dado cuenta qué ha pasado en el 2010.
¡Cómo para no darme cuenta con todo lo que ha sucedido! He cambiado de estado civil, de dirección y, sobre todo, he cambiado de actitud.

Y me gusta esta nueva vida en la que suceden cosas, en la que yo provoco que sucedan, en la que yo decido que sucedan, en la que soy la única responsable.
Seguramente antes también lo era, pero yo no era consciente de ello. Y podrá parecer ridículo pero ahora siento que he madurado, ahora siento que soy mayor. Me ha costado, lo sé, pero finalmente sé lo que quiero hacer ahora que ya soy mayor. Quiero sentirme exactamente como me siento actualmente.
Puede que hayan aspectos de mi vida por limar, sobre todo en el aspecto laboral y familiar, pero estoy en paz conmigo y eso es lo que me deja dormir tranquila.

Ahora he aprendido que no es importante en qué trabajemos, con quién estemos o a quién perdamos a lo largo del camino, lo realmente importante es cómo nos sentimos con todo ello. Y hoy me siento en armonía conmigo.

Mañana será otro día, tal vez mejor, tal vez peor, pero será otro día que prentendo afrontar con la misma sinceridad que quiero para mí en esta nueva vida, en este nuevo yo.

No pretendo agradar a nadie más que a mí misma.

Y miro el calendario de este año y veo apuntados viajes, acontecimientos, aniversarios. Y tengo una extraña sensación de ligereza, de ganas de compartirlo, de vivirlo.

Tal vez debería temer todo lo malo que puede estar por venir, pero
¿sabéis qué?
No me apetece tener miedo al miedo, quiero vivir esta madura inconsciencia.

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