parejas, exposos y nuevos inquilinos

Este sábado vino mi exposo a mi casa para traerme un par de prendas que olvidé en un armario y para ayudarme a serrar un mueble con una sierra eléctrica que teníamos en mi excasa.

Mi poconovio estaba un poco intranquilo, no porque fuera a ver a mi exposo, sino por juntar bajo un mismo techo a un exposo, una exposa y una sierra mecánica.
¡cuánto daño han causado las películas de terror!

Mi exposo vino y hablamos. Después de más de un año ahora podemos hablar sin reproches, sin llantos, sin silencios y me confirmó lo que mis sentidos me habían susurrado ya.
Tiene pareja, como él la llama.
Curioso, yo tengo pareja desde hace más tiempo que él y no le llamo pareja, sino novio o “el chico con el que estoy”.

Pero este no es el quid de la cuestión. La cuestión es que sinceramente me alegré por él. Ya hay alguien que le abrace, hay alguien que comparte con él la vida y mi excasa.

Conozco a la chica y me alegro que sea ella la que habitará las estancias del hogar que yo creé.
Y este pensamiento es el que me acompaña desde sábado. Otra mujer vivirá, aunque inicialmente sea a tiempo parcial, entre las paredes que yo pinté.

No me importa, ni me duele, ni me despierta celos. Pero no deja de ser curioso. No deja de ser curioso que otra persona ocupe mi lugar y que no me duela, que incluso, me reconforte.

Pero es un pensamiento que no me ha abandonado desde sábado. Poco a poco ocupa menos espacio de mi mente y terminará formando parte de esta historia de amor que dejo atrás, pero que ha hecho de mí quien soy.

Sólo espero que esta nueva pareja entienda que yo no soy ninguna amenaza, que si quiero mantener el contacto con mi exposo no es por mantener la llama de nada, ni por jugar a nada, sino porque simplemente me parecería inhumano no saber de él.

Parte de mi felicidad o de la tranquilidad de mi espíritu sigue pasando por saber que él está bien.

Y siguiendo con este hilo de pensamientos tengo que pensar irremediablemente en la madre de los peques de mi poconovio.

Pensar que alguien pisa las baldosas que tú has limpiado durante 10 años es una cosa curiosa, extraña, pero saber que los hijos que tú has creado y criado están con una persona que tú desconoces debe de dar pánico. Más incluso que una sierra mecánica en manos de un exposo.

A estas mujeres que han aparecido en mi vida sin yo buscarlas, sólo puedo decirles que…

soy una mujer.

Ahora, lo queráis o no, formo parte de vuestras vidas pero tened por seguro que si me he de solidarizar con alguien será con vosotras.

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