sexo

Creo que dividiré mis vivencias en antiguo y nuevo testamento y, sí, la línea divisoria la marca mi separación. Creatividad religiosa se le podría denominar a esta elección. Además, así libero un poco a la sor citroen que tengo amordazada en lo más profundo de mi ser. Entre ella y el sargento alemán que habita entre mi pecho y espalda tengo montada una fiesta en mi interior que ríete tú de las fiestas de Pachá.

Curioso que piense en la biblia cuando voy a citar a mi hermano. Curiosas asociaciones, sí…

Durante mi antiguo testamento, cuando coincidía con mi hermano, éste siempre me hacía dos preguntas y siempre por el mismo orden.
–          ¿Eres feliz?
–          ¿Follas?

Mis respuestas eran siempre
–          a ratos
–          mucho menos de lo que me gustaría

El sexo es algo de lo que siempre se ha hablado abiertamente en mi casa. Mi madre, educadora y alemana, creo que tiene muy arraigado el sentimiento de llamar a las cosas por su nombre sin tapujos y sin darle muchas vueltas al tema.

Nunca me dijo que esperara al hombre ideal, que debería estar enamorada o incluso casada. Ella me decía algo parecido a lo que nos anunciaba aquel señor que nos vendía su detergente en los 80: busca, compara y quédate con el mejor.

Pragmatismo germano

Pero creo que gracias a este tratamiento, no he envuelto al sexo en ese extraño halo en el que muchas personas, por no decir mujeres, lo enturbian.

El sexo es como comer, como caminar, como rascar, todo es empezar. Es una actividad más de la vida. Todos estamos aquí porque alguien echó un polvo ¿no? ¿Pues de qué hay que avergonzarse?

Por eso tampoco entiendo que algunas mujeres lo empleen como premio o castigo con sus parejas. “Si no te portas bien, esta noche no mojas.”
¿Quién sale ganando en esto? Pero ¿es que estamos jugando a algo?
Del mismo modo no entiendo que a un niño se le deniegue el postre si no se acaba el plato de judías verdes. La comida, como el sexo, no es algo con lo que premiar o castigar.

Comida es alimento, sexo es …

¿qué es el sexo?

En mi caso obviamente no puedo decir que sea reproducción, perpetuar la especie.

Yo lo siento así: diversión, compartir, deporte, compartir, reír, compartir, disfrutar, compartir, gozar, compartir, necesidad, compartir, desconectar… ¿he dicho ya “compartir”?

Y deliberadamente no he dicho “amor”, porque el sexo con amor es otra cosa.
Es como la siguiente pantalla de un juego de ordenador, otro nivel.
Algo que despierta a mi sor citroen para aclamar al redentor al grito de “¡DIOS!”
o al susurro incontrolable de “dios, dios, dios”.

El chaval pratense ya me decía hace años, allá por el versículo IV de mi antiguo testamento, que el sexo para él era como la tortilla de patatas, que por mucho que te gustase podías aburrirte de ella.

Ya por aquel entonces le dije que cada tortilla sale diferente y no quiero hacer la asociación facilona diciendo que todo depende de la intensidad con la que batas los huevos y tampoco diré que es importante el tipo de patata que escojas. Borremos  estas asociaciones alimentarias de nuestra mente calenturienta.

A mi me encanta la tortilla de patatas y todas me salen diferentes. A veces están más saladas, a veces el huevo está más crudo, a veces las patatas están más deshechas, a veces la comes caliente, a veces te apetece fría, a veces incluyes pimiento.

Esto no quiere decir que sea una devora-tortillas o devora-hombres. No, pero es que simplemente siempre saco algo positivo de un encuentro sexual. Siempre.

Por eso no entiendo a las chicas que me dicen que no les apetece hacerlo con su pareja. Entiendo que puedan estar cansadas, pero ¿no descansas mejor después de acostarte con tu partenaire? Que te duele la cabeza ¿qué mejor aspirina que un buen casquete? Si se tiene prisa, se puede liquidar en 10 minutitos, 5 si me apuras.

Si ya lo dice ese gran proverbio alemán, todo es relativo, sólo follar es positivo.

El otro día me explicaba mi sobrina de 8 años lo que le había contado su prima, hija de un ginecólogo: “Se ve que cuando te casas, el hombre introduce su pene en el agujero de la vagina de la esposa.”
Mi hermano, que estaba a mi lado le decía en tono divertido a su hija que eso no podía ser verdad.
Yo, que tenía a esta preciosa criatura sobre mi regazo, le dije:
¿sabes lo mejor de eso, petitona? ¡Que no hay que casarse para hacerlo!

Podría extenderme mucho más y lo haré en otra ocasión, pero terminaré respondiendo a mi hermano desde mi nuevo testamento:
–          ¡sí!
–          ¡sí!

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