personas adulteradas

Desde que escribo este nuevo testamento, que estoy más en contacto con personas en vías de ser adulteradas, es decir, niños que día a día van creciendo para convertirse en adultos. Carácteres genuinos que entre todos vamos adulterando para hacerles encajar en este modelo de vida que hemos creado.

Irremediablemente me viene a la cabeza, la carita del mayor de los peques de mi poconovio, mirándome desde un metro de distancia, con unos ojos envueltos por unas pestañas que ya querría para sí cualquier modelo cotizada, espetándome un: “¡tú, la llevas!”

– “¡peste alta!”
Es lo primero que hubiese contestado a esa declaración de guerra para no tener que ponerme en movimiento súbitamente y delante de tanta gente, pero a los dos segundos salí a la carrera detrás de él para pillarle.

Jugar a pillar
¿por qué dejamos de jugar a pillar, al escondite o al “un, dos, tres, pica-pared”? ¿Por qué dejamos de jugar? ¿Cuándo dejamos de jugar?

He de reconocer que cuando ando con estas personitas tengo que respirar hondo y olvidarme de ser una adulta por unos instantes, porque jugar o interactuar con ellos en público es una actividad en la que hay perder la vergüenza por completo.

Tal vez es que tenga el sentido del ridículo muy agudizado, pero perseguir a un niño en medio de un parque al grito de “que te pillo, que te pillo” no es algo que suela hacer en la oficina, en el lánguido tren de camino al trabajo o en la desesperante cola de la carnicería.
Y no puedo evitar que lo primero que me provoquen estas actividades inusuales sea vergüenza. ¿Estaré haciendo el ridículo, pareceré patosa, tendré una parada cardio-respiratoria ante tanta actividad física?

Sábado pasado una madre que esperaba junto a mí en la interminable cola de la pescadería, combatió el aburrimiento e impaciencia de su hija inventándose juegos con el pescado que yacía sobre el hielo picado. La mamá comenzó a hacer el tonto con un bogavante para distraer a su hija. Mi primer pensamiento fue “por favor, qué ridícula, fingir una huida de un moribundo crustáceo, corriendo en el sitio, emulando un grito de socorro… por favor…”, pero enseguida me advertí que no debía reírme de esa madre, ya que la ridícula era yo por juzgar una reacción totalmente lícita como es la de jugar, sobre todo para distraer la atención de una situación tan aburrida como lo es estar esperando tu turno para la compra.
Una vez sorteado este obstáculo mental mío, me imaginé forcejeando a muerte con este animal en una lucha encarnizada por salvar a las gambas que además estaban flanqueadas por un oscuro y viscoso calamar. Me las imaginé con las barbas erizadas gritando al unísono y huyendo despavoridas, dejando detrás de si un hilo de huevas verduzcas. ¿Cómo se me había pasado por alto todo ese material de juego?

Sólo es cuestión de meterse en el papel, desabrocharse los botones del corsé que nos oprime los pulmones y abrirse a un tipo de diversión no adulterada.

Desde hace tres semanas que las mañanas de viernes la comenzamos al grito de “MUUUUUERTE” de nuestro monitor de body combat. Recuerdo que en la primera sesión todos nos sentíamos tremendamente ridículos emulando a Bruce Lee, pero ahora ya nos veo reflejados en el espejo de la sala pegando puñetazos a un contrincante imaginario, saltando a la comba invisible y tensando un arco inexistente.
Ayer vino una chica nueva y cuando vi que se ruborizaba y entornaba los ojos ante las instrucciones de nuestro profesor, me reconocí en ella. Reconocí mi autocensura absurda y fuera de lugar.
Estuve por agacharme, para mirarla desde abajo y decirle “tú las llevas.”

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2 comentarios sobre “personas adulteradas

  1. Gracias es genial estar en tu cabeza, me es tan facíl, ya sé que no hemos pasado mucho tiempo juntas pero soy consciente que desde que tengo uso de razón se produjo esa conexión, y me alegra, saber y sentir algo que no tiene mucha lógica pero de alguna forma tenemos un mundo interno que se asemeja, estilos distintos mismo corazón y carencias. Me alegra formar parte de tu familia aunque a veces eso no signifique absolutamente nada.

  2. preciosa! gracias, eres el primer comentario!! Sí, ayer empecé a leer tu blog y tuve que dejarlo porque me puse a llorar como una tonta ¿qué haremos de nuestras mentiras, eh?
    Siento esa misma conexión, si es que algo bueno tenía que salir de todo esto ¿no? Nos vemos!

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