res-Gatadoras

Volvemos a ser tres en casa, hemos recuperado al jefe de nuestra pequeña manada. Ahora mismo Kevlar le está lamiendo la cara, las patas y el lomo a su compañero viajero. Tal vez su áspera lengua pueda interpretar la ruta que emprendió su escurridizo amigo hace 6 eternos días.

Viernes pasado por un cúmulo de circunstancias, Adamantium escapó de casa. En 5 segundos huyó y, en ese espacio de tiempo, yo me hice a la idea que no le volvería a ver el pelaje. Para mi ya era el gato que recordaría como aquel gato con el que convivimos menos de dos meses. Eso no significa que no luche por los que quiero, ni que abandone al mínimo imprevisto, pero mi primera reacción es prepararme para lo peor.

Recuerdo que el primer día que entré en la casa de campo de mi poconovio y aspiré el olor que desprendían aquellas paredes, olor a chimenea, a hogar y a vida compartida lo primero que pensé fue: echaré de menos este olor cuando ya no estemos juntos.

Sí, sé que con ese tipo de pensamientos no llegaré lejos, pero son los primeros que asaltan mi mente. Sé que hay que mantener la esperanza, que hay que confiar y estoy aprendiendo a hacerlo, sobre todo después de un día como el de hoy, pero me cuesta.

Pero creo que hoy algo ha cambiado.

El día ha comenzado con agradables coincidencias. Pensaba en un encuentro de niñas del cole y he recibido un mail de una de ellas para organizar dicho encuentro. Comenté en facebook los precios de las autoescuelas y, al cabo de un rato, me llamó mi sobrino para decirme que había encontrado una autoescuela y que finalmente canjearía el regalo que le hicimos hace casi dos años cuando cumplió la mayoría de edad.

Y cuando al mediodía ha sonado mi móvil con un número desconocido, he pensado: Adam.
Y sí, una mujer me ha dicho:
– “Has perdido a un gato, ¿no? Pues lo tenemos aquí.”
– “¿Es totalmente blanco y de ojos azules?”, me quise asegurar yo
– “Sí, sí, es Adam.” Resonó al otro lado de la linea.

Lo quise confirmar porque el otro día me llamaron por otro gato que no era el mío y no quería hacerme de nuevo ilusiones, es algo que no va conmigo.

Le habían reconocido por los carteles que colgamos mi poconovio y yo por el barrio. Estrené mi nueva impresora con los carteles de búsqueda de mi gato, triste, pero cierto.
Eso no lo ponen en la publicidad los de HP:
¿Ha perdido a su mascota? Imprima unas fotos fenomenales de su gatito y seguro que lo encuentra. Es más, seguro que sus vecinos le pedirán que imprima más copias para deleitarse de la estupenda calidad de las impresoras hachepé.
Nota mental: escribir a los de HP para nueva campaña de marketing.

El caso es que yo estaba con el móvil pegado a la oreja en medio de mi oficina, pensando ¿qué hago? ¿cómo llego a tiempo para que no vuelva a escapar? ¿cómo hago para que no se vayan estas res-gatadoras y yo vuelva a perder la pista a este díscolo animal? ¿cómo me voy a ir en medio de la jornada laboral?
“Voy para allá” le solté por teléfono.
Así que agarré chaqueta, bolso, me lancé a la calle, paré al primer taxi y le espeté al conductor: “Siga a ese gato…. eeehhhjjj… a Sant Feliu, por favor.”

Me sentía como Richard Gere al final de Pretty Woman, cuando éste va en limusina al encuentro de Julia Roberts, pero en una versión de menos presupuesto.

Llegué, bajé del taxi y le dije al conductor que se quedara con el cambio, me sentía espléndida y le regalé unos 35 céntimos. ¡si es que corre sangre catalana por mis venas, no lo puedo negar!
Salí a la carrera hacia el número 25 de la calle que me habían indicado. Para mis adentros pensaba: suerte que voy al gimnasio, sino ya estaría sin aliento.

¡cuántas estupideces llego a pensar al cabo de un día! Pero es que no podía pensar con claridad. Esta mañana no podía haber llegado a imaginar que a mediodía saldría a la desesperada para recuperar a mi gato. Mejor dicho: no me atrevía a imaginarlo.

Cuando me acercaba al número 25 ya ví a una señora delante de la verja de una casa. Era Montse, la esteticien que custodiaba a Adam.

Había intentado meterle en un transportín de sus gatos pero el mío había preferido meterse en un agujero del muro de aquel triste patio. Le habían tentado con comida, agua y mimitos, pero él no decía ni pío.

Me acerqué al muro que me separaba de mi dulce minino y Montse me dijo que tal vez debería traer a Kevlar para que le indicara en idioma gatuno que saliera. Pero antes lo quise probar yo. No estaba segura que fuese a funcionar porque este dichoso gato sólo llevaba un mes y medio conmigo y no sé si él me había cogido el mismo cariño que yo a él. Pero fue soltarle las tonterías que le digo siempre, que empezó a maullar como un alma en pena. Desesperación es lo que me comunicaba, hambre, cansancio y desamparo. Yo tenía un miedo tremendo de no poder cogerle bien y que volviera a escapar, pero en cuanto asomó la cabeza, le cogí cariñosamente por la parte superior del cuello y entre Montse y yo le metimos en el transportín. ¡Casa! Ya estaba salvado, ya estaba a buen recaudo, ya volvía a ser mi Adam. Sucio, asustado y maullando desesperadamente, pero era mi lindo gatito.

Me levanté y le pregunté a Montse si la podía abrazar y así lo hicimos. Ella se sorprendió porque yo estaba temblando. Hasta su llamada yo no había querido ser consciente de lo que la pérdida de este pequeño ser significaba para mí.

Apareció Neus, la cartera que había visto en primera instancia a Adam. Neus se lo había comentado a Montse, entre las dos suman 8 gatos, y ésta le dijo que seguramente se tratara del gato de los carteles.

El primer cartel que colgué fue en la salida de casa de Montse. Recuerdo que ví un cuenco con agua en su entrada y pensé “al que viva aquí le gustan los animales, pondré un cartel” y sí, tiene tres gatos y dos perros y fue ella quien me llamó, quien esperó más de media hora a que yo llegará, la que me dejó su transportín, la que vigiló para que mi gato no se fuera y la que finalmente me aconsejó que le pusiera collar.

Neus y Montse son mis heroínas y pienso que les haré galletas o madalenas o un tremendo pastel para mostrarles mi agradecimiento sincero. Me ofreceré para lo que sea que necesiten sus animalitos, porque gracias a ellas hoy estoy de nuevo con mis pequeñuelos. Porque gracias a ellas hoy empiezo a confiar.

Pienso que no existen las casualidades y que hoy ha sido un día en el que el universo me confirma que todos somos energía y que si la energía que tu irradias es positiva, algo de ese positivismo volverá a ti.

Algo debo estar haciendo tremendamente bien para vivir una historia con un final tan feliz.

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6 comentarios sobre “res-Gatadoras

  1. Què bonic! Mira, me has transportado a aquella mañana de hace once años cuando Loulee volvió después de siete semanas y pensé: “lo mismo va a ser que los milagros existen”. Y resultó que sí….
    Besos a tots

  2. Qué grande Ursula!!! qué buena señora la Montse!! casi lloro un poquito y todo. Ains! ^____^ (Me ha encantado pasar por aquí…y no termino de tener claro si estoy un poco más loca o menos que tu, jejeje)

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