la niña burbuja

Llevo tan solo dos días fuera de casa y me siento extraña, ajena, distante de mí. No sé cómo explicarlo. Pero la vida de Barcelona me llega como un eco lejano. Los mails que suelen acelerarme el corazón los leo sin apenas pestañear, he conseguido incluso dormir después de pensar
¿Puedo hacer algo desde aquí?
No
¿Sirve de algo comerse el tarro?
No
Pues a dodó

y me he dormido.

¿La distancia física puede realmente alejar los problemas de nuestra mente y de nuestro corazón? ¿o será el cambio horario?
Prefiero no empezar a divagar sobre eso porque terminaré elaborando teorías de cuerdas o universos paralelos que tan sólo lograrán enajenarme más.

Esta mañana salí a correr al lado del río y mientras veía a grupos de remeros entrenando, patos flotando a la deriva, barcazas emitiendo nubes de turba, pensé: ¿qué estará haciendo mi dueña ahora?

Mi dueña soy yo misma y pienso que debo estar durmiendo en casa o, tal vez, esté en atmósfera cero en algún lugar del espacio aéreo del Canal de la Mancha, porque este “yo” no termino de ser yo.

Echo de menos a mi poconovio, pero le tengo menos presente que cuando estoy en Barcelona. Sigue la pesadilla familiar, pero no me quita el sueño. Tengo un problema de intendencia en el piso, pero he logrado relativizarlo.

Definitivamente mi ama está aletargada.

Tal vez pudiera embotellar un poco de este estado e inhalarlo en casa, cuando necesite evadirme de la realidad. Sería como un chute de enajenación temporal.

Pero si pienso fríamente, desde este yo que no soy yo, pienso que no, que será mejor volver a mi realidad una vez haya aterrizado de nuevo en casa. Será mejor volver a mi vida, a mi verdadero yo.

Prefiero sentir las cosas intensamente, aunque a veces duelan, aunque cansen, aunque me desesperen. Porque también están esas otras cosas que te hacen sonreír día a día, esas que te llenan de calor, de gratitud, de alegría, de un amor que borra de un plumazo cualquier malestar y, en esto estamos de acuerdo todos mis “yoes”, en que estas cositas sólo se deberían sentir intensamente.

Me gusta mi vida, me gusta poder alejarme de ella, pero sólo porque sé que cuando vuelva la abrazaré hasta dejarla sin aliento.

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