mala hostia

Escribo por muchas razones, pero básicamente para soltar todo este nudo que tiende a amordazar mi interior.

Y hoy no sé por dónde empezar porque me hierve la sangre. Aporrearía el teclado produciendo un cúmulo de letras sin ningún sentido. Lanzaría el ratón contra la pared tan sólo para verlo hacerse añicos. Me encantaría picarme con alguien en el coche y salir del vehículo increpándole: ¿tú qué? ¿eh? ¿eh?
Visualizo mi mentón alzado y el movimiento del pecho y los hombros al acercarme al automóvil de mi contrincante, le agarraría por el cuello de la chaqueta con ambas manos y lo sacaría por el hueco de la ventanilla sin parar de insultarle.

No sé de dónde me salen estas imágenes, si de mi infancia en Bellvitge o de tanta película mala que he tragado en mi vida.

Como hoy alguien se arriesgue a dirigirme una sola palabra que yo pueda malinterpretar, prometo que lo haré, saltaré por encima de la mesa y me lanzaré al cuello como una vampiresa con sed de sangre.

Y no, no estoy hormonal. Ni pre, ni post-monstrual.

Pero es que hoy me liaría a puñetazos con cualquiera porque yo hoy estoy de puñetazo.

Tengo una fuga oculta de agua en mi nuevo hogar que amenaza con dejar en dique seco a mi cuenta bancaria y eso es algo que me quita el sueño.

Pero creo que esta no es la principal razón por la que estoy así. Si he de serme sincera, creo que todo viene por la respuesta que obtuve de mi exposo a un correo que le envié para quedar a cenar un día de estos.

No debería sorprenderme ya, pero me sigue doliendo su actitud.

Y esto es lo que me cabrea de mí misma.
Si le cerré la puerta a aquella vida
si sé cómo fue
¿por qué me hiere como sigue siendo?
¿por qué dejo que me afecte tanto?

Me cabreo conmigo por dejar que quien ya es un extraño tenga tanto poder sobre mí.

Así que no estoy enfadada con nadie más que conmigo misma.
Me caigo mal, si fuese otra persona me criticaría o me diría condescendientemente enarcando las cejas:  “¿pero qué esperabas, tontita?”

Y me caigo aún peor cuando reconozco la marca de este carácter.

Me decían hace poco que nunca me habían visto de mala hostia pero que intuían que podía ser temible.

Nunca he dado rienda suelta a mi fiera interna y no lo voy a hacer ahora. Tuve una buena escuela en casa y me consta que el mal genio no me llevará a más lugar que a la soledad.

Y no tengo enjaulada a mi fiera, simplemente la he domesticado, pero hoy tiene un día de esos que más vale cogerla con pinzas porque sino podría despedazar a alguien.

Así que … ¡Cuidadín que me he quedado con tu cara!

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