Hänsel und Gretel

Tengo dos vecinitas de unos 3 y 5 años. Laura y Nuria.

Laura y Nuria son las dos niñas que viven en los bajos de la finca que yo habito.
Me vieron pasar por su casa cuando intentaba localizar la fuga de caudales acuáticos de mi piso.
Ellas saben que yo tengo dos gatos. No sé cómo. Tal vez yo misma se lo haya contado.

Ayer llegué en horario infantil a mi casa y las oí jugando en el patio. Ellas debieron oírme a mí porque empezaron a decir

Hoooola
Hoooola

Me podría haber hecho la loca y pasado de las niñas. Pero son niñas y yo tengo gatos.
Me asomé al balcón y mantuvimos una conversación que ellas manejaron desde el primer instante. Tenían una misión y no pensaban hacer concesiones.

– ¿cómo te llamas?
– Ursula
– ¿y vosotras?
– Laura y Nuria
– ¿Tienes gatos?
– Sí ¿queréis verlos?
– Sí

Si es que no me cansaré de decir que soy una chica fácil. Ellas querían ver a los mininos y yo no iba a interponerme en ese deseo.

Su madre me las acercó al portal y yo subí con ellas. Vieron a Kev&Adam y constatamos que a la pequeña le dan miedo los gatos.

¿De dónde vendrán esos miedos?
¿Son innatos o se los inculcamos desde la cuna?

Tenía una cuñada que decía que los gatos eran traicioneros. Yo le preguntaba si algún gato le había hecho algo, si le había puesto los cuernos,  le había saqueado la cuenta corriente o había abusado de su confianza.
¿Traicioneros? ¿Te refieres a:
desleales, infieles, renegados, desertores, delatores, alevosos, ingratos, indignos, intrigantes, conspiradores?

Acorralada ante mi verborrea, ella me contestaba que era bien sabido que los gatos atacaban a todo lo que brilla y sobre todo a los ojos. ¡cuánta sabiduría popular!

Cada vez que ella acudía a mi casa, yo agarraba al Garfield de peluche que me regalaron hace años y fingía una pelea encarnizada para que ese gato traicionero no me sacara los ojos.

Por favor.

Algo de eso han debido mamar esas pequeñuelas, sino no entiendo que la más pequeña me dijera que los gatos le daban miedo. Ya trabajaremos esos miedos en siguientes visitas.

Siendo esta nuestra primera incursión en el mundo felino no quise que se ausentaran de su casa demasiado tiempo, así que después de 5 minutos las devolví sanas y salvas a su progenitora.

Volví a mi casa y los gatos y yo comentamos la visita que habíamos tenido. Mis gatos no son muy niñeros, a decir verdad tampoco son muy adúlteros. A ellos ni les van los niños ni los adultos, les interesa la gente que les provee de alimento, mimos, juegos y atenciones cuando ellos estimen necesario.
Esto es lo que me encanta de los gatos, que van a su bola.

Me dispuse a seguir con mi labor de punto, pensando ya en dejarles a estas niñitas unos huevos de pascua en la terraza o algún pastelito ahora que llega el día de la mona. También pensé que debo andar con cuidado con estas amistades porque podría caer en el típico rol de la vecina loca que alimenta a niños o gatos ajenos.
Pero sobre todo debo andarme con ojo porque sino estas niñas podrían coger por costumbre querer subir y, pillar algún berrinche si yo no tengo un día fácil.

Estaba yo sumida en mi labor con todos estos pensamientos pululando por mi mente cuando oí a las niñas llamándome desde abajo

– uuuuuuursuuuulaaaaaa

Se amontonaron imágenes escalofriantes en mi cabeza.

Como oiga esa vocecita en plena noche llamando mi nombre me lo haré encima.

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