amigas

Últimamente no he tenido mucho tiempo para mis amigas. Ayer, improvisadamente me pasé por casa de la Rizos y me dí cuenta, más si cabe, que las echo de menos.

Tal vez, el día a día no me deje ser consciente que hay algo que me falta, pero al verla, pensé: “esto es lo que echaba de menos”.
Ahora, ese huequecito que ni sabía que estaba vacío se ha llenado. Un poquito sólo porque no dió tiempo a más.

Pienso en cómo fue el año pasado, cómo ellas estaban allá siempre, incodicionalmente, sin juzgar, apoyando, escuchando, explicando, riendo, bailando -incluso llorando- y sé que no lo habría sobrevivido sin ellas.

La semana pasada me decía la Roquera que yo estaba como “ausente” y le tuve que dar la razón. Estoy demasiado focalizada en mi casa, mi madre, mis gatos, mimimimi.

Creo que es un error que suelo cometer. Tengo una prioridad en mente y no puedo ampliar el foco a otros aspectos de mi vida. Pienso que debo centrarme en una cosa para lidiar con ella lo mejor posible, pero en realidad, si ampliase las miras, tal vez encontrara el equilibrio que no encuentro cuando me centro sólo en una.

Eso ya me costó a mi mejor amiga hace muchos años.
Ahora las cosas han cambiado y todas somos conscientes que tenemos unas agendas imposibles y que vernos es como encajar las piezas del Tetris.

Y ahora tengo un compañero masculino con el que puedo hablar de …
Ahora tengo un compañero con el que puedo hablar.
Y me reconforta ver cómo hay hombres que hablan de sentimientos sin avergonzarse, que se plantean las cosas, que piensan en cómo cambiarlas para mejorar. Hombres que aceptan consejos, hombres que dan consejos y no buscan soluciones a lo que piensan que son nuestros problemas, hombres que se pueden poner en tu situación y entender por qué has reaccionado de tal manera, hombres que piden perdón, hombres que te dicen que te quieren. Hombres que se comunican.

Aún así, necesito esas charlas con las amigas en las que te preguntas hasta los detalles más íntimos o más escabrosos. Charlas en las que saltamos de la última llamada del chico del momento a los ingredientes de una salsa, pasando por el último berrinche en el curro, o por recordar aquella anécdota con la que siempre reímos, o por decir “hagamos un viaje juntas” o por constatar que ellos pueden ir y venir, que nosotras seguiremos aquí, recorriendo este camino juntas.

Tal vez haya semanas, incluso meses en los que apenas nos veamos, pero siempre me acompañan. Siempre que me sucede algo pienso en que tal cosa le gustaría a tal amiga o que tal otra la debería probar aquella otra. Siempre caminan conmigo.

Y cómo decía el lema de una escuela del Maresme:
Sé que sola llegaré rápido, pero acompañada llegaremos lejos.

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