planes

No me deja de sorprender lo largos que parecen los fines de semana en los que tienes muchos planes. Ayer, volviendo de una barbacoa con amigos, pensé en lo lejos que me quedaba el viernes.

Parece que un cuerpo en movimiento tiende a quedarse en movimiento, porque cuanto más planes tengo, más quiero forjar. Tal vez sea que ya no juego al frontón en esto de hacer planes, sino que ahora puedo jugar con un compañero al que le tiro pelotas y él me las devuelve todas. Al principio es desconcertante, pero con el tiempo aprendes a disfrutar de este juego de dos.

Ayer cerramos el fin de semana haciendo planes de futuro. Extraño pensar más allá de la semana que viene, extraño poder compartir las ideas más descabelladas sin avergonzarse. Y lo mejor de todos estos planes es compartirlos sin presión, sin fechas, sin agobios, sin aferrarse a una realidad que no siempre es el mejor marco para nuestros sueños.

Recordaba las metas que me planteé a finales del año pasado y ahora me doy cuenta que, dichas metas se diferencian de los planes en que las primeras me las planteo para mí, mientras los segundos los sueño en plural. Las metas son lo que quiero ser (ahora que soy mayor) y los planes vienen a ser lo que quiero compartir (ahora que somos mayores). Compaginar metas y planes parecía algo imposible, pero el día a día me está enseñado que pocas cosas hay imposibles.

Tal vez si me ponga como meta estar re-buena y planeo hacerme asquerosamente rica, lo consiga. Aunque ¿para qué engañarme? No siento ninguna de las dos, con lo cual no creo que las alcance nunca. A lo que sí que aspiro es a mejorar, a ser esa parte de mi persona que más me gusta y con la que mejor me llevo.

A veces aflora el otro lado, el lado oscuro, pero pienso que lo tengo más “ubicado”, lo reconozco antes, lo apaciguo de antemano y cuando no lo consigo, intento no castigarme por ello y pensar que al menos sé que cara tiene y, por lo tanto, sé cómo encararlo.

Me reconcilio conmigo pensando ¿qué sería de la luz sin un poco de oscuridad?

Así que empiezo a hacer planes, pero tengo claro que no planificaré mi vida como hacía en mi antiguo testamento. Soñaré con ellos, lucharé por ellos, pero no marcarán mi manera de ser, porque ahora tengo claro que quiero disfrutar del camino y no obcecarme con llegar a la meta.

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