lo siguiente a liadísima

Tengo la cabeza hecha un lío.

La semana pasada terminé de guardar todo lo que había sacado de los armarios de mi despacho para poder moverlos y pintar. Hice una limpieza y aún así tengo la sensación de tener que tirar cantidades ingentes de papeles, recuerdos, notas y postales de tiernos infantes.

¿Dónde acaban los recuerdos y dónde empieza el síndrome de Diógenes?

Tengo miedo que al hacer una limpieza a fondo me convierta en una insensible.
Pero también pienso que tengo muchas cosas que no utilizo, cosas que están ahí durante años, sin buscarlas, sin tocarlas, sin mirarlas, olvidando incluso que las tengo. ¿no será más fácil quitármelas de encima? Liberando así espacio en mis armarios, mi mente y dejando que el Sr. Feng Shui campe a sus anchas por mi hogar.

Si pienso eso de cosas, enseres y objetos ¿debería aplicarlo a personas, relaciones y sentimientos? ¿dónde acaba el espíritu de supervivencia y dónde empieza la insensibilidad?

No lo tengo muy claro, pero no me sorprende, porque de entre esas pilas de papeles resurgieron muchos recuerdos, muchos dragones, mucha vida pasada que ya nada tiene que ver con mi yo actual.

Pero pienso que ahora aún no es el momento de tomar decisiones definitivas, de tomar una ruta en concreto, de decantarse por una manera de hacer, porque ahora mismo tengo la cabeza ocupada con muchas otras cosas.
Aún tengo muy presente la charla que nos dió Arcadi Oliveres la madrugada del sábado, como también tengo muy presente cambios en mi actitud que aún no sé si podrán formar parte de mi carácter, así como novedades en mi vida que aún me dejan trastocada sin poder reaccioner coherentemente.

Pienso que además de haber renovado las paredes de mi piso, estoy mudando la piel.
No sé si esta nueva piel que veo debajo de capas y capas de piel muerta es la definitiva, y tampoco sé si esta nueva piel es la que quiero sentir sobre mí. Tampoco sé si este es un proceso con un principio y un fin o si me sentiré así siempre.

No sé si estoy deshaciendo el nudo que a veces siento que es mi vida o si, por el contrario, lo estoy liando más. Y es que el día  a día me deja poco tiempo para pensar y analizar si el camino que estoy tomando lo he elegido o es el que me he encontrado.

Alguien me diría ¡tómalo y ya verás sobre la marcha! ¡déjale de dar tantas vueltas a todo!
Y ese alguien soy yo misma, hablándome desde este embrollo mental.

Y a veces quiero parar para disfrutar del paisaje que me encuentro en este camino y olvido, o más bien reprimo la certeza, que alguien me está esperando en la siguiente curva para caminar un rato juntos. Y es entonces cuando me pregunto si aún habrá otra capa de piel debajo de la que ahora luzco, si algún día dejaré de pensar antes de actuar, si algún día reaccionaré sin titubeos.

Siento que necesito parar, necesito desliarme para ser la chica fácil que quiero ser y no esta adulta complicada que no hace más que pensar: ‘la he liao parda’.

 

 

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