born to be queens

Últimamente estoy rememorando viejos tiempos en los que la Rizos, la Roquera y yo veíamos capítulos de Sexo en Nueva York juntas. Recuerdo un día que incluso nos costó ponernos en marcha para irnos de marcha. El DVD de otra amiga con decenas de capítulos nos seducía desde el reproductor. Necesitábamos ver un capítulo más, sólo uno, pero únicamente uno, ¡eh!

Nunca antes me había interesado aquella serie, de hecho, me producía rechazo. Me aburrían aquellas mujeres que vivían vidas increíbles, totalmente irreales y artificiales, dando una imagen de la mujer que detesto, viéndome obligada a cambiar de canal por no sentir tanta vergüenza ajena.

Pero aquellas sesiones grupales cambiaron mi manera de pensar, como muchas otras sesiones que compartí, comparto y compartiré con mis reales, genuinas e increíbles amigas. Mujeres de verdad pero que aún así se apoltronaban delante de una pantalla para ver la recauchutada y absurda vida de otras mujeres.

La diferencia de ver esta serie sola a verla acompañada es que dejé de tomarme en serio las historias que sucedían en aquellas calles de Nueva York y, me lo empecé a tomar a broma.

Aún tengo grabada la aparición estelar entre capítulo y capítulo de la Roquera.
A modo de entretenimiento en el entreacto, ella irrumpió en el comedor disfrazada con sus peores y peor conjuntadas galas, luciendo una esponja a modo de tocado, preguntándonos qué nos parecía su modelito. Eso era glamour rumbero.

Así que desde que el canal Divinity decidió reponer todos los capítulos de la serie, que yo los veo cuando puedo. Los veo o los escucho mientras llevo a cabo otras tareas mucho más importantes.

El otro día estaba cambiando la arena de los gatos. Tarea crucial para el ecosistema de mi hogar dulce hogar y oía de fondo a esas neoyorquinas hablando sobre los hombres.

Samantha, la aficionada al sexo dijo entonces:
“Si las mujeres se la mamásemos más a menudo a los hombres, dominaríamos el mundo.”

Me tuve que sentar en el suelo del lavabo para partirme de risa. La frase era soez, indecente pero cruda como la vida misma.

Me vino a la mente la retransmisión de los hechos acontecidos entre Strauss-Kahn y la camarera de aquel hotel.
Una compañera de mi trabajo se hacía cruces porque no entendía como hombres tan influyentes, poderosos e importantes seguían repitiendo siempre esos mismos errores.

No voy a entrar en si todo fue un montaje para quitar de en medio a este reconocido mujeriego porque entonces empezaría con una teoría sobre la conspiración a nivel global que me apartaría del tema inicial.

Que por cierto ¿cuál era?
¡Ah, sí!

¡qué triste, pero que tremendamente triste, que tantos hombres sigan pensando con la entrepierna!

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