aire

Llevo días sin saber cómo encarar este post. Llevo días escribiendo, borrando, almacenando borradores, pero hoy tengo que airear un asunto turbio.

Sé que habrá ojos que no querrán leer estas líneas, corazones que esperarían de mí más tranquilidad, más “savoir faire”, más contención alemana, pero si no lo digo exploto.

Y si lo digo, pienso que podré archivarlo y guardarlo en algún cajón del olvido.

La semana pasada fue mi cumpleaños y yo temía dos llamadas.
Una era la de mi padre, que no se produjo.
Otra era la de mi exposo, que tampoco se produjo.

El primero no me afecta, sinceramente, no me afecta.

El segundo – el segundo me sigue haciendo resoplar de frustración, rabia e incredulidad.

Mi exposo recordó mi cumpleaños, sí. Al menos no se le pasó la fecha, pero me envió un SMS para felicitarme. ¡Un SMS!

15 años de conviviencia, un divorcio y una relación que yo entendía como cordiales y lo único que me envía es un maldito mensaje de texto.

Aún estoy esperando que quedemos para comer algún día, que me llame para vernos, que me escriba para contarme cómo le va la vida.

No sé qué espero, no sé por qué espero, no sé por qué aún me desespera.

Nunca cuidó sus amistades y yo he pasado a formar parte de ese grupo de amigos a los cuales él no les coge el teléfono, no devuelve las llamadas y simplemente ignora.

No me debería sorprender

Recuerdo que hace años tuvimos una discusión. Aunque fue más que eso, fue uno de mis desencantos. Hablábamos de cómo sería si lo dejásemos. Apasionante conversación de pareja ¿verdad? Él me dijo que lo pasaría mal un mes, pero que luego a otra cosa, mari-esposa.

Recuerdó que su frialdad me dejó estupefacta.
“¿En un mes me olvidarías?” le preguntaba yo sin aliento.
No recuerdo exactamente lo que me respondió, pero vino a ser un “sí” con matices.

Y no lo entiendo. No entiendo como puedes compartir la vida de alguien y luego relegarle al olvido sin ganas de compartir más que unas tristes líneas en un display de teléfono.

Le comenté esto a mi hermano, que siempre me da el punto de vista masculino, muy semejante al que gasta mi exposo.
Él me dijo que si mi exposo tenía pareja, seguramente quería ahorrarse enfrentamientos innecesarios con ella y que por eso evitaba el contacto conmigo.

Pues no sé qué es peor. Que mi exposo falte a su palabra de mantenernos en contacto por simple desidia o que lo haga por no herir los sentimientos de su nueva pareja.

Sobre sentimientos heridos yo podría escribir muchas líneas.
Pero ahora ya sólo recuerdo una que escribía una y otra vez cuando me fuí de nuestra casa. Era una frase que le gritaba al final de todas las cartas que jamás le envié, pero que hoy pienso decirle desde la calma, desde la aceptada decepción, desde aquí:

Si esto es lo que significo para tí, no me vales la pena.

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