dos errores no hacen un acierto

Esto de las relaciones es más complicado de lo que me habían vendido.

Durante mi convivencia con mi exposo, cuando le contaba a mi madre o a mi hermano las decepciones que sufría gracias a mi ser amado, en muchas ocasiones, ellos se ponían de su lado. No diciendo que yo estaba equivocada, sino diciéndome que mostrase más comprensión, más tranquilidad. Lo que me venían a decir es que no esperase tanto.
Mi madre me decía: “¡Pero si es un niño, pobrecito!”
Mi hermano me decía: “Es un tío ¿qué esperas? No le agobies.”

Suerte que mi hermana de vez en cuando intervenía en estas conversaciones y decía
“¿un niño? ¡anda ya!”
“¿que no le agobie? ¡anda ya!”

Pero al cabo de unos años mi exposo ya no era niño, igual que yo dejé de ser una niña. Como él, yo era una “tía” ¿qué esperaba de mí?

Pero habiendo vivido lo que viví en casa de mis padres, pensé que los enfrentamientos no llevaban a nada, que expresar tu opinión o tus sentimientos no era la mejor opción. Así que muchas veces me los guardaba para mí.

Yo misma me daba patadas en la espinilla para acallarme, como hacíamos mi hermano y yo con mi madre a la hora de la comida. Le advertíamos con nuestros sutiles toques en la pierna que evitara que mi padre montara en cólera. Esa cólera era una rapaz a la que se subía a volar con demasiada asiduidad y parecía que la verborrea de mi madre le diera alas.
Pero no quiero perder el tiempo rememorando como mi estimado progenitor alimentaba a aquella criatura carroñera para dar así rienda suelta a su mal carácter.

La cuestión es que acepté muchas cosas de la convivencia con mi exposo que en realidad no me gustaban. Aprendí que no valía la pena pelearse por banalidades. No era importante que no viniera conmigo a pasear, no era importante que no viniese conmigo a la playa, tampoco era importante que no me acompañara a bodas, como tampoco resultó importarme que se fuera de vacaciones por su cuenta. Al final había tantas cosas que no quería decirle para no molestarle, para no enturbiar el aire entre nosotros, que dejé de comunicarme con él.

Llegó un punto en el que esto se convirtió en algo absurdo. Él me preguntaba algo y yo tardaba en responder porque pensaba en todas sus reacciones y posibles respuestas.
Llegó un punto que cuando yo hablabla era en susurros y él siempre me tenía que preguntar dos veces lo que había dicho. Llegó un punto que cuando él hablabla yo no entendía sus palabras. Llegó un punto en que no hubo nada más que decir.

Así que la noche que me preguntó que qué me pasaba yo no le entendí y simplemente le dije que quería dormir tranquila y que por eso cogía la almohada y me iba a la habitación de invitados, como tantas otras noches.
Pero él quiso saber que qué me pasaba, qué era realmente lo que pasaba. Y sin haberlo meditado, sin pensar más en él, sin pensar en sus reacciones, sin tener en cuenta que era un niño o un tío le dije que me iba, que no podía más, que debía ponerme a resguardo en otro lugar.

Y al cabo de un tiempo, cuando empecé a levantar la vista y mirar a los hombres a los ojos, me propuse que en cualquier nueva relación yo hablaría, que no lo pensaría tanto, que si algo no me gustaba no lo tragaría, porque a la larga eso me repetiría como una mala digestión.

Y resulta que decir lo que sientes, decir lo que no te gusta, hacer sentir a tu pareja el daño que te ha provocado, tampoco es la solución. ¡Dios! ¡Qué difícil todo esto de las relaciones!

Entoces me encierro y pienso que tal vez sea una tía muy complicada. Es lo que tiene la edad, que todos tenemos nuestras neuras y juntarlas sin haberlas madurado juntos, no resulta nada fácil.

Hay muchas diferencias que inicialmente pensabas que harían crecer a la pareja, pero no es así. Las diferencias no unen.
Y pienso que tal vez debería esperar menos, puede que debiera bajar un poco el tono de voz, tendría que contentarme con lo que tengo.

Si el pobrecillo es un crío.
No debería agobiarle, si tan sólo es un tío.

¡anda yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

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Un comentario sobre “dos errores no hacen un acierto

  1. Eso, nena!! anda yaaaaaaaaaaa!!
    yo tengo como propósito número uno en mi wishlist de “cosas a hacer cuando tenga pareja” decir todo, absolutamente todo!!…(lo diré bajito y como para dentro…pero LO DIRÉ!)

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