a solas

Hay cosas que las personas sin hijos no entienden.

El otro día me encontré intentando explicar por qué a mi exposo y a mi nos gustaba irnos de vacaciones solos. Y nos íbamos 2 y 3 semanas a sitios apartados, sin gente, sin intromisiones, sólo para nosotros.

Me decía una mamá
“¿pero no os aburríais?”
Otra señora, algo mayor, me decía sin esperar mi respuesta.
– Es así como funcionan las conversaciones entre mujeres –
“tú lo que querías es tenerlo para tí sola y así cepillártelo indiscriminadamente”
La primera intentaba entenderlo y hacía suposiciones
“¿lo hacías por él, no? ¿Tú hubieses preferido haber estado con más gente, verdad?
La segunda volvía a insistir
“que nooo, que se lo llevaba a solas para caer sobre él como una vampiresa”

Lo que las personas sin hijos no entienden es que para hacer vacaciones no necesites rodearte de personas que aligeren la carga de los pequeñuelos o la eletricidad estática que se genera entre unos padres acompañados de sus retoños.

Lo que las personas sin descendencia no saben es que jamás estarán solos como las personas que estamos aquí sin equipaje. No es mejor ni peor. Pero al igual que yo he tenido que oír que como no soy madre no entiendo ciertas cosas, tengo que decir que por no tener ataduras, muchas personas no me pueden entender a mí.

Podría resumirlo diciendo que soy libre, que no necesito diluir la tensión de unos niños entre más personas para hacerlo así más llevadero.
Porque es un hecho comprobado que la mayoría de los padres tiende a querer estar siempre rodeada de más personas.

Cuando no tienes hijos puedes ir a tu bola siempre. No tienes que tener en cuenta a nadie más que a tu pareja, si la tienes, claro está. Esta otra persona ya puede tener los defectos que quiera, pero es independiente, es libre como tú.

Cuando vas por libre, no es necesario consensuar con nadie más que contigo y la posible pareja lo que quieres hacer. No debes ponerlo a debate con niños de corta edad, adolescentes aburridos o abuelos resabiados.

Lo que no entiende la gente con hijos es que si hago algo es porque lo quiero hacer o lo tengo que hacer y lo haré de tal manera porque yo lo he decidido así.

Irremediablemente tu manera de pensar cambia.
Si tienes hijos evolucionas en una dirección y, si no los tienes, también lo haces, pero en otra muy diferente.

Aún recuerdo estar un día apostada delante del maletero de mi coche después de una visita al centro comercial. Escuchaba a mi hermana y a sus hijos diciéndome cómo debía poner los paquetes dentro del reducido espacio de mi portaequipajes.
Educadamente les dije que se sentaran en el coche porque no podía seguir oyendo aquellas bien intencionadas pero innecesarias sugerencias.
He llenado miles de veces mi maletero y nunca he necesitado la opinión de nadie para ello.

Me gusta estar con personas, me gustan los seres humanos. Pero me gusta estar sola, me gusta decidir por mí sin tener que tener en cuenta el criterio de 20 personas más.

Si me voy a hacer un bocadillo con queso no necesito que nadie me diga que le puedo poner jamón dulce, que otro me diga que si yo preparo los bocadillos, él preparará la ensalada y que otro pondrá la mesa, mientras alguien más acercará unas sillas.

Sé que comer en compañía puede ser mucho más ameno que comer sola.
Pero hay días en lo que sólo quieres comer un simple bocadillo de queso.

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