te voy a meter de todo menos miedo

Venía de camino al trabajo a pie cuando he pasado por una zona en obras.
Es curioso pero llevo años trabajando por este barrio y siempre hay obras. Siempre. Me estoy empezando a plantear seriamente que debe haber metales preciosos en el subsuelo de l’Eixample porque sino no entiendo este afán de abrir, cerrar y volver a abrir el pavimento de las calles.

En la esquina de Consell de Cent con Passeig de Gracia están intentando montar un negocio que funcione, ya que en esa esquina han abierto y cerrado una tienda por año.

Esta mañana,  además, han cortado el agua y ahí estaban los operarios de la empresa de aguas metidos en una zanja custodiada por unas vallas naranjas.
Yo iba pensando en mi encuentro de ayer con una buena amiga, en lo fuertes que son las mujeres de mi alrededor, en que las mujeres estamos hechas de otra pasta blablabla cuando oigo a uno de los obreros comentar mi paso por delante de su obra.

“una cara bonita” decía
Me ha sentado bien, aunque me sigue sorprendiendo como estos y otros hombres se creen en el derecho de comentar el aspecto físico de cualquier hembra que atraviese su territorio.
Pero decir que hoy tengo una cara bonita es algo que me ha hecho gracia.

Esta mañana, al ponerme el rimel en las pestañas, he pensado que hoy es un día de esos que puedes maquillarte como quieras, que mejor estarías con una máscara o una bolsa de papel de esas de los supermercados americanos.

Pero a ese digno trabajador le he parecido una cara bonita. No reivindicaré en medio de la calle mi coeficiente intelectual y mi valor como ser humano.
“Una cara bonita” ya me estaba bien.

Pero acto seguido le ha contestado el compañero:
“cara de viciosa”

Yo, que seguía hacia delante caminando, haciendo ver que no había escuchado nada, tal y como me enseñó mi hermana hace siglos, me he tenido que reír entre resoplidos de estupefacción.

Los obreros que estaban en el bar a 20 metros más allá han aprovechado para decir
“mira que sonrisa más bonita”
He seguido caminando no fuera que allá también soltaran algo como
“risa de guarrilla”

Cara de viciosa… ¡lo que hay que oír!

Y es que los hombres de las calles llevan opinando en voz alta sobre mí desde que tengo 12 años y si lo pienso, creo que ningún hombre se enfrenta a esto en su rutina diaria.

Pero las mujeres vivimos con ello día a día. Es un detalle sin importancia, pero dice mucho de cómo sigue funcionando este mundo.

Domingo acompañé a mi hermano y familia al aeropuerto. Él decidió ir a ponerle celofán a una de las maletas que tienden a vomitar su contenido en medio de las cintas transportadoras. Yo seguí con mi cuñada y mis sobrinos, hasta que le llevé a mi hermano  otra maleta que debía ser sometida al mismo proceso.  Al tomarle el relevo a mi hermano en el puesto de retractilar maletas le tuve que explicar al chico a cargo de dicha tarea, que ambas maletas eran de mi hermano, que él le pagaría ambas cuando volviese. El chico se quedó con la copla que ese otro señor era mi hermano y no mi marido, que es lo que parecía a simple vista. Y entonces empezó a agasajarme con sus lindeces, las cuales he aprendido a torear, obviar y encajar en todos estos años.
Cuando mi hermano llegó para relevarme de nuevo, yo me despedí del afable retractilador y creo que mi hermano se quedó un tanto sorprendido del lenguaje que aquel hombre empleaba conmigo.

A mi hermano no le deben decir: que tengas un muy buen día, precioso.
O tal vez sí. Si aquel retractilador se lo hubiese dicho, ahora tal vez no tendría dientes.

Recordé la primera vez que volví de la discoteca con una amiga, con mi hermano y otro amigo suyo pisándonos los talones.
Los chicos por aquel entonces no nos dejaban dar un paso sin comentar algo, intentar tocarnos algo o tocarse a ellos mismos. La pubertad tardía que los tenía muy “salíos”.
Mi hermano jamás había salido conmigo y todo aquello le debió parecer indecoroso e insultante. Que de hecho lo es.
Así que se fue a encarar con uno de aquellos tíos diciéndole no sé qué sobre tocar a su hermana pequeña.
Mi amiga y yo ya ni éramos conscientes de ese acoso constante y le dijimos que se tranquilizara que no pasaba nada.

Pero el caso es sí que pasa algo, que esto no deja de ser una forma de acoso, por muy divertido que resulte para algunos. Aunque a veces te levante el ánimo, aunque a veces te suba la autoestima. Es acoso.

¿Quien se creen que son estos tíos para decir estas cosas?

Y no necesariamente deben ser obreros de la construcción.
El otro día subiendo por Pau Claris con un escote un poco proncunciado, me encontré con miradas lascivas de obreros de la construcción, pero también con la de dos hombres trajeados. Y esos ojos, ya fuesen de un hombre con un poder adquisitivo alto o bajo, decían lo mismo: “Tetassss”

Y paso de ellos y me río por dentro por lo simples que son.
Pero en el fondo pienso que habremos evolucionado muchísimo pero que para ciertas cosas aún no hemos salido de las cavernas.

Anuncios

Un comentario sobre “te voy a meter de todo menos miedo

  1. Cara de viciosa?? madre mía, qué brutos son los jodíos obreros, nena!!…yo soy fan total de un cholo que había en mi calle en Sevilla (que siempre iba sin camiseta, pueggg!) y que un día me dijo: “bonitas piernas, ¿a qué hora abren?”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s