cuando sea mayor quiero ser…

Llevo semanas, meses y años pensando que no quiero terminar mis días como maquetadora de una empresa de localización.

Miro al futuro y no me veo sentada delante de uno o dos monitores de PC compaginando manuales y editando gráficos. Me gusta, llevo años haciéndolo y podría seguir con ello durante décadas. Pero hace tiempo que no supone un reto, que no me aporta nada nuevo, que no persigo ninguna meta. Me gusta porque lo sé hacer, porque nadie se inmiscuye en mi trabajo, porque voy por libre, porque no tengo jefes, porque es cómodo, porque más que compañeros tengo amigos, porque tengo los “huevos pelaos” de hacerlo.

Pero cuando pienso en los años que me esperan y me imagino trabajando en algo, siempre me veo en una cocina. Antes incluso me avergonzaba reconocerlo. Temía parecer una carca, una chica chapada a la antigua, pero hace tiempo que descubrí que la vergüenza no lleva a ningún lado.

En más de una ocasión me han felicitado por mi repostería, pero nunca lo tomé en serio. Todos tenemos hobbies, todos tenemos algo que nos sale mejor que a otros y a todos nos encanta que alguien nos cocine y a nadie le amarga un dulce.

Hace poco una compañera de trabajo que ya marchó a probar fortuna a tierras lejanas me dijo que debíamos lanzarnos ahora que estábamos en nuestro mejor momento.
¿Nuestro mejor momento?, dudé yo.
¿Pero qué edad tienes?, le pregunté entonces
La misma que tú, 35.
Yo contaba 37, alguno más, pero no muchos.

Esa misma compañera se había acercado semanas antes a mí para felicitarme por un pastel que había llevado a la oficina. Me dijo que debería dedicarme a ello profesionalmente.

No era la primera vez que oía ese consejo, pero como siempre, respondí casi suspirando,
“qué más quisiera yo…”

Esa misma semana una amiga publicó una frase lapidaria en facebook.
Sí, ya sé que no debería ser tan influenciable, pero creo en las señales y esta venía a decir algo así como:
“Si un hada te concediese un deseo ¿qué pedirías?
Ahora que lo tienes claro ¿qué puedes hacer para conseguir esa meta sin el hada?”

Ese domingo ví un reportaje en BTV sobre una chica que vive en Barcelona y que combina su trabajo con clases en una escuela de repostería.

Tres señales no son una coincidencia.

Entonces mi tía sufrió un derrame o lo que pensábamos que era un derrame, y que finalmente resultó ser un cáncer que acabó con ella en menos de dos semanas.

Y mi hermano, estando de vacaciones, también tuvo que ser ingresado varios días en el hospital y su recuperación está resultando ser más lenta de lo que inicialmente imaginamos o, al menos, más lenta de lo que nosotras desearíamos.

Así que aquellas y estas señales no dejaban de dar vueltas en mi alocada y algo abstraída cabecita.

Unas señales me indicaban el camino y otras,
otras simplemente me decían que no esperase, que el tiempo es limitado, que no titubease.

Un malentendido con mi poconovio me hizo sentarme y pensar. Terminé durmiéndome, porque esto de pensar me cuesta horrores. Pero al despertar lo tenía más claro y de golpe, todo encajó.

Mi poconovio no es el príncipe azul, como yo tampoco soy la princesa del guisante. Ambos tenemos nuestros “más” y nuestros “menos”.
Y aquella mañana constaté que puedo vivir perfectamente con sus “menos”.
Cuando me divorcié lo hice porque supe que no podía vivir ya con los “menos” de mi exposo. Entonces la respuesta a la pregunta “¿puedes vivir con tu pareja tal y como es?” fue “no”. Pero hoy por hoy y con esta nueva pareja es “sí”.

¿y qué tendrá que ver todo este rollo ñoño con la repostería?

Soy mujer y no todo es tan simple, todo está comunicado.

Si hasta hace bien poco decía que no volvería a vivir en pareja, al menos no en los siguientes 10 años, si hasta hace sólo dos días decía que no contemplaba la posibilidad de convertir mi hobby en una profesión, ahora me tengo que contradecir totalmente.
Si es que me encanta llevarme la contraria.

Así que pensé ¿por qué no hacerlo? ¿por qué no lanzarse? ¿por qué no probar? ¿a qué esperar? ¿qué puedo perder?

No pierdo nada y no probándolo me lo perdería todo.

Así que en Octubre empiezo a prepararme para esta nueva etapa. Volveré a la escuela en la que aprendí a cocinar como hobby para realizar un curso de pastelería para futuros profesionales.

Y si empiezo con esto será con todas las consecuencias.
Apuesto por mi nueva vida profesional que requerirá una preparación y un tiempo de impás antes de dejar una cosa para dedicarme a la otra.
Apuesto por mi nueva vida personal que aunque tampoco cambiará de hoy para mañana, ya ha cambiado profundamente.
Apuesto por mí, apuesto por nosotros.
Y no hay cambios inminentes, pero sí incipientes y muy significativos.

Y el miedo está aquí, en un rinconcito, diciéndome que me puedo estrellar, que puede que no funcione, que puede que no sea lo que yo espero. Pero le miro y dulcemente le digo que no sea agorero, que no pasa nada si finalmente no sale tal y como lo hemos previsto. Porque ahora sé que si mis seres queridos están bien, yo puedo con lo que me echen, sea lo que sea.

Así que voy a ir precalentando el horno.

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5 comentarios sobre “cuando sea mayor quiero ser…

  1. ¡Genial, Usrula, genial! Me alegro mogollón por ti. Y ojalá que tu hermano se recupere bien prontito.
    Ojalá en breve yo también pueda afirmar con esta misma contundencia que lo apuesto todo a la “X” para algún día olvidarme de la traducción… Mi problema es que no sé qué es esa jodida “X”… jarrrlll…

    Un beso

  2. Que increible!! Me alegro de que lo hagas! Siempre es importante seguir tu propio destino!! Mucha suerte Úrsula!! Seguro que lo consigues!!
    Un beso

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