la vuelta al cole

Anduve perdida dos semanitas. Primero por la montaña y luego al lado del mar.
Mi cerebro paró y se comprometió a cumplir estrictamente con las tareas básicas de supervivencia.
Creo que no había desconectado tanto en mis vacaciones desde… ¿desde?
Ni lo recuerdo, a mi cabecita le está costando esta puesta en marcha.

Mis vacaciones de este año han sido cerquita, sin aviones, sin maletas, con niños, sin planos, con escasa ropa, sin guías, con packs de leche, sin prisas, con tranquilidad y sin pensar. Sobre todo sin pensar.

Los primeros días con niños fueron geniales. No tuve tiempo a plantearme si iba a ir bien o mal, así que sólo quedó la opción de que iría bien. Sí o sí. Y fue genial, un no parar muy gratificante, divertido y enriquecedor.
La marcha de los peques y de su progenitor hizo retornar el silencio y la inactividad. Y también estuvo bien. Pasar del ajetreo constante a la calma chicha tiene su lado positivo.
Pude centrarme en mí, una de las ventajas de estar soltera. Y lo que pensé que serviría para ordenar prioridades, planificar, organizar, preveer resultó ser un tomar el sol, contemplar el mar, pasear sin pensar, bañarse el tiempo que me apeteciese a mí.
Echar de menos el ruido, pero apreciando el silencio.

Y a pesar de que el tiempo volara, como siempre que se disfruta de unas vacaciones, me dió la sensación de haber estado fuera durante meses. Y cuando llegó el día de volver a hacer la bolsa para volver a casa, no tuve ni tiempo para deprimirme pensando que al día siguiente volvería a la rutina. Simplemente volví, desempaqueté envuelta de ronroneos, maullidos y con la cara llena de pelos de gato.
Y aquí estoy de nuevo.
Como si no me hubiera ido, pero con la mente aún en otra parte.

E intentaré que mi mente se quedé en este estado. En el no pensar demasiado, en el dejarme llevar, en el disfrutar cada momento sin pensar en el siguiente. Quiero seguir dejándome liar por relaciones, acontecimientos y vivencias. Quiero seguir liándome con esta vida.

Durante estos días de asueto, coincidí con antiguos conocidos que no veía desde que escribía mi antiguo testamento y todos me dijeron que me veían muy bien. Y como le comentaba a mi poconovio después de estos encuentros, me da vergüenza reconocer que me siento genial pero es que me siento genial. Y mentiría si contestara diciendo aquello de “aquí estamos, vamos tirando, se hace lo que se puede” porque no es así, porque no estoy aquí porque sí, estoy aquí porque así lo quiero y así lo he buscado, no voy tirando sino que intento adelantarme y hacer de cada día el mejor y porque sí, sí que hago lo que puedo, pero cada día puedo con más, porque cada día me siento más fuerte, más entera, más feliz, más yo. Claro que tengo mis neuras, mis complejos, mis historias, pero me siento bien, muy bien.

Me decía una de las habituales del camping que me veía un brillo especial en los ojos y, al decírmelo, tuve que bajar la mirada por miedo a que pudiera leer en ellos todo lo que me está haciendo tan feliz. Airear todo lo que me hace sentir así me parecería inapropiado y además, me daría miedo gafarlo.

Sentada a solas conmigo en el porche del bungalow, no me cansaba de suspirar y de corroborar que me siento feliz, que me siento llena, que no cambiaría nada de mi vida.

Bueno, si alguien quisiera liquidar mi hipoteca me haría un favor, pero no cuela ¿no?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s