ellas, nosotras, yo

Fuí la primera de mis amigas que se fue a convivir con un chico.
Recuerdo aquella época con un sabor agridulce. Recuerdo que mis vivencias eran muy diferentes a las de ellas, que aún vivían en casa y, radicalmente opuestas a la de aquella que decidió independizarse sola.

Por aquel entonces, la esposa de un buen amigo de mi exposo pasó a ser la mujer con la que yo me sentía más identificada. Ella era 15 años mayor que yo y tenía dos hijos. Pero yo tenía más en común con ella que con las niñas con las que había crecido. Aquella mujer me cedió parte de su edad y desencanto por la vida en pareja.

Hace un tiempo volví a ser la primera. La primera en divorciarme.
Y hoy miro a mi alrededor y veo a algunas de mis amigas recorriendo los mismos paisajes por los que yo caminé antes de separarme. Antes de marchar para no volver.

Cuando oigo sus preocupaciones, cuando siento su rabia, cuando leo su impotencia, me reconozco en ellas. Y sé lo que es caminar por aquella senda, aunque para mi sorpresa he de admitir, que ya me llega como el eco de algo que alguien me contó alguna vez. Es como si no se tratase de una experiencia propia. Es mi vello erizado que me recuerda que yo sentí lo mismo que ellas, que las noches en blanco se acumularon tal y como se acumulaban las lágrimas dispuestas a manar con cualquier excusa. Que sus sentimientos, dudas y rabia fueron míos.

Y ahora intento no juzgar, no guiar, no aconsejar desde mi posición de mujer divorciada, pero a veces resulta difícil, muy difícil. Y no es que estés de vuelta de todo, simplemente te gustaría caminar con ellas durante un trecho, darles algo de beber, librarles de la mochila que cargan a la espalda, secarles el sudor de la frente y decirles que sea cual sea su destino siempre será mejor que arrastrarse por la senda del desamor.

Pero cada una debe hacer su camino, cada cual es responsable de su carga, cada una de ellas es un mundo y son ellas las que deben marcar el ritmo y la dirección de sus pasos. Ni tan siquiera se les debe indicar un atajo porque el camino se hace al andar. Una frase trillada, pero que adquiere un sentido palpable cuando cada uno de tus pasos se convierte en un salto al abismo. No puedes tirar el dado por ellas esperando que la suerte las haga caer en la casilla apropiada y puedan saltar de puente a puente porque al final les arrastraría la corriente.

Recuerdo como una compañera con la que apenas hablaba – la verdad es que apenas hablaba con nadie de mi trabajo antes de que diese carpetazo a mi antiguo testamento – recuerdo como esta perfecta extraña se acercó una tarde a mí y me dijo que no temiera, que había vida después del divorcio. Fue otra de esas frases que parecen vacías, huecas, banales, de usar y tirar, pero tenía razón. Y que una desconocida se acercara para compartir esto conmigo fue uno de los primeros regalos que recibí cuando comencé mi andadura por las páginas de mi nuevo testamento.

Y aún recuerdo aquella frase y hoy entiendo que lo que me quería decir es mucho más que “la vida sigue después de una ruptura”. Significa que comienzas a vivir de verdad una vez dejás atrás una situación que te está haciendo infeliz.

Y entonces pienso en Luis, en aquel campista que siempre que se metía en el mar gritaba
“¡¡Esto es vida!!”

Porque yo también lo grito desde mi mar.
“¡¡Esto es vida!!”

Es difícil llegar aquí, es tremendamente jodido todo este camino. Creo que es lo más duro que he tenido que hacer hasta el día de hoy, ya que aún no he perdido a ningún ser realmente querido. Pero la vida está aquí para que disfrutemos de ella, sólo está esperando que le demos una oportunidad.

Y yo sólo espero que ellas, todas ellas, se den la oportunidad de pensar en ellas, única y exclusivamente en ellas.

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2 comentarios sobre “ellas, nosotras, yo

  1. Parece que una nueva etapa se abre ante el circulo de tus amistades……y aunque no lo parezca creo que este empieza a ser el “circulo de la vida” habitual…..

    Que bonito era aquel camino en pareja que parecia fuese a llegar hasta el infinito y más alla. Pero parece que ese camino tiene atajos diferentes en cada unidad de la pareja y repentinamente un dia te das cuenta que estas sol@ y que tu compañer@ ha cogido una senda totalmente alejada y por muchos pasajes de conexión que busques no encuentras más que abismos….

    Pero sabes que cuando decides mirar “palante”, durante algun tiempo te acompaña la pena, la duda y la añoranza pero de repente en un recodo el camino encuentras paz, aliento y esperanza y todo empieza a cambiar de color. Y estoy segura que tu felicidad de hoy, a pesar de las dudas que te han abatido durante algun tiempo, hace que tus amigas vean las cosas de otra forma.

    Te kiero,
    Akuna-matata
    Mona.

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