la cosa más dulce

Llegó Octubre, pero ¿quién lo diría? Sigue haciendo un calor veraniego y las sandalias siguen presentes por las calles de toda la ciudad.

Con Octubre llegaron finalmente las anheladas clases de Pastelería y Repostería en Terra d’Escudella.
He vuelto a mi escuela de cocina donde tan buenos ratos pasé  – en un pasado que no recordaba tan lejano. Y al volver me encontré con Olga, mi profesora de los viernes, aquella con la que aprendimos a cocinar en plan familiar, aquella con la que llenábamos tuppers para todo el fin de semana, aquella con la que llevamos vino y cava para acompañar las catas de nuestros menús.

Fue entrar en clase, vernos y abrazarnos. ¡Qué tremenda ilusión volver a tenerla como profesora! Aprender Pastelería y Repostería de sus manos era algo con lo que no contaba pero que sólo puede presagiar algo bueno.
Nos recitó el temario para este primer trimestre y ya se me hizo la boca agua. Además, su planteamiento es el que andaba buscando. Sentar bases, no seguir recetas, tener los conceptos claros y de ahí poder crear nuestros propios dulces.

Es curioso, hoy escuchaba de nuevo la charla que dió Steve Jobs a los estudiantes de una universidad estadounidense allá por el 2005 y reflexionaba sobre cómo se conectan los puntos. Ves la conexión de esos puntos -hitos en tu vida- cuando miras atrás. Si miras hacia delante en tu vida, no verás nada a no ser que te llames Aramís Fuster y, aún así, lo dudo mucho. Esos puntos sólo cobran sentido cuando miras hacia atrás.

Conocí a mi actual pareja porque un amigo me cedió un cliente. Trabajamos en la distancia durante 3 años y no fue hasta que me separé que nuestra relación laboral cambió por una personal y ya intransferible.
Siempre trabajamos bien juntos, pero como pareja funcionamos aún mejor.

Y pienso que todo podría haber sido diferente si mi amigo no hubiese dejado ese trabajo, si no me lo hubiese pasado a mí, si el cliente no hubiese cedido la gestión del proyecto al que ahora es mi poconovio. Incluso previamente, mi amigo obtuvo ese trabajo a través de otro amigo, el cual también había trabajado para mi empresa.

He de decir que no creo en las coincidencias.

Y miro hacia atrás y veo como mi vida y la de mi poconovio corrieron por caminos paralelos y que en un punto, en el punto correcto, esos puntos se unieron. Extraño ver como todo encaja, extraño ver cómo él encaja tan bien en mi vida, siendo ambos tan diferentes.

Y cuando ví a mi profesora de Respostería recordé que aquella escuela la busqué como regalo de Navidad para mi exposo. Él estuvo un mes – sólo asisitió  a dos clases – y yo me enganché todo el curso. Y ahora vuelvo allá para prepararme para este nuevo proyecto vital que me he propuesto. Me gustaría poder vislumbrar los puntos que vienen hacia mí, pero sé que no los veré hasta que no los haya rebasado. Pero ahora pienso que si no hubiese buscado aquel curso no sabría de la existencia de esta escuela y ahora aún estaría en la lista de espera de Hoffman o frustrada por no poder compaginar trabajo con estudios en el Gremi de Pastissers de Barcelona.

Y hay días en los que todo encaja y entonces aparece la fillola de mi poconovio y me dice: “Yo he estudiado esto y te puedo asesorar cuando quieras montar tu cocina.
Es más, mi compañera está haciendo la tesis sobre el producto que te interesa.”

Creo que ya he dicho que no creo en las coincidencias ¿verdad?

El otro día fuí a una farmacia a la que jamás voy. Fuí porque estaba al lado de otra tienda a la que tampoco nunca voy: Tous. Pero tenía que ocuparme de un regalo y esta farmacia era la que me quedaba más a mano. Otras dos que suelo utilizar, me quedaban de camino, pero mis pasos me guiaron hasta esta otra. Y allá encontré un producto que anduve buscando para hacer pasteles aptos para todos los públicos. Producto que encontré hace dos años en Estados Unidos pero que hace tan solo uno que se comercializa legalmente en España. De esto último me enteré posteriormente y tras una charla con la farmacéutica.
En 2009 pensé en informarme para importarlo y “plás” 2 años después y con las ideas más claras, me doy de bruces con él.
Miro donde lo elaboran y es aquí al ladito. Pueden parecer tonterías, pero para mí no lo son.

Tal vez no pueda ver los puntos conectándose, pero a veces creo que oigo un “clac” que me indica que alguna pieza ha encajado, que el camino que hago al andar va en la buena dirección.

Así, buscando nombres para la web en la que poder narrar mis hazañas reposteras o incluso ofrecer mis servicios de bollería en un futuro, encontramos el nombre ideal y aún sin registrar. A decir verdad, lo encontró él, porque yo me quedé sin buenas ideas al ver que la mayoría de nombres que se me ocurrían ya estaban registrados. Pero él encontró un nombre que me encantó nada más leerlo y que además estaba libre. Si es que es…

http://lacosamasdulce.com/

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