los hombres de gris

Hoy me ha dado por calcular dónde se queda el tiempo.
¿Cuánto tiempo me queda para mí de lunes a viernes?
Es un cálculo sencillo y eso que a mí las matemáticas nunca se me dieron bien, pero hasta aquí llego.

5 días (de lunes a viernes) x 24 = 120
120
– 40 horas laborales
– 6 horas de clase
– 7 horas de transporte
– 40 horas de sueño
– 7 horas de aseo personal
– 5 horas para comer
– 3 horas para cenar
– 2 horas para desayunar

Quedan 10 horas semanales para mí, lo cual son 2 horas al día.
En ellas pretendo ir al gimnasio, escribir este blog, ver a gente, hablar con otros, leer, aprender, cocinar, recoger, ver, descubrir, amar.

Hay algo mal montado en este mundo. Hay algo que no funciona si al cabo de un día sólo puedes dedicarle 2 horas a las personas o animales que más quieres y a tí.

Sé que puedes comer con amigos, cenar con los hijos, puedes incluso desayunar mientras te vas preparando para el trabajo. También le puedes robar horas al sueño. Pero básicamente esto no puede funcionar así. De hecho, no está funcionando.

¿Dónde queda el tiempo para los imprevistos? ¿Dónde el tiempo para mirar por la ventana sin más? ¿Dónde el tiempo de respirar libremente? ¿Dónde el tiempo para recuperarnos de esta vorágine? ¿Dónde queda el tiempo para abrazar a alguien sin prisa?

Algún avispado me dirá que todo eso se puede llevar a cabo durante el fin de semana. Pero todos sabemos cómo son los fines de semana repletos de tareas, obligaciones y sí, de tiempo libre. Pero lo condesamos tanto, lo intentamos recuperar todo en tan poco tiempo que resulta imposible además de frustrante.
¿Puedes posponer un beso? ¿Puedes recuperar ese momento que se escapó? ¿Puedes volver al lugar en el que deberías haber estado en aquel preciso instante?

Y yo no soy de las que tiene la agenda más repleta, sé de otras que empalman trabajo con la salida del cole de la descendencia, empalmando con actividades extraescolares, empalmando con la cena y empalmando con la cama. Yéndose a dormir normalmente demasiado tarde y levantándose aún más temprano.

Mi compañera me dijo el otro día que necesitaría un día de 48h y yo pensé, que lo que realmente necesita, lo que todos necesitamos, es una vida. Una vida en la que no huyamos de los hombres grises.

Cuando menos te lo esperas tu tiempo aquí acaba y entonces te preguntarás qué has hecho tú en esas dos horas. Si es que realmente dispones de ellas, porque a menudo, ni eso.

Y me vienen a la cabeza dos palabras que me dijeron el otro día en una conversación tranquila de domingo. Una de esas que se les escapó a los hombres de gris.
Con lo que podemos cambiar nuestra vida, nuestro entorno, ya no digo el mundo, es con amor y libertad.

No me termina de quedar claro cómo resolver la ecuación de tiempo, amor y libertad.
Ya dije al inicio que no soy buena para los números.
Pero estoy en ello.

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