dura de pelar

Tal como llegaron, se fueron.

Hemos pasado un intenso fin de semana mis amigos de Alemania, mi hermana con sus hijos, mis gatos y yo.
En dos días y medio condensamos todo lo que no podemos compartir durante el resto del año. Esta vez les acompañó el hermano mayor de uno de ellos, por lo que las visitas por la ciudad, los menús y las conversaciones se tiñeron de toques de guía turística y traductora simultánea.

Estoy acostumbrada a traducir del alemán al español y viceversa, pero siempre me costará traducir una carta o menú. Sobre todo la parte de los pescados.
Llevamos años diciendo que haremos una lista con las traducciones de los diferentes pescados, pero llega el momento que nos topamos con el “bacalao con samfaina” y yo me quedo a cuadros, preguntándome por qué ya nos vamos al Mc Donalds, donde un Mc Menú era un Mc Menú.

¡Ah! Es la edad y el poder adquisitivo que nos alejan de las cadenas de comida rápida y traducción innecesaria.
Ahora nos gustan los restaurantes de slow food, asociados irremediablemente a la slow translation.

Fue después de degustar un maravilloso menú cerca del mar que nos pusimos al día sobre nuestras respectivas familias. Estos amigos son de los que compartes en familia, lo cual les hace mucho más cercanos y también les dota de una confianza muy “familiar”.

Y ahí surge siempre el mismo problema con mi mejor amiga alemana.
Ella es muy tierna, muy dulce y yo para ella soy muy dura. Y como tenemos confianza, me lo dice tal cual lo ve y siente. Me lo dice en un tono familiar que no necesita camuflarse bajo educadas y correctas palabras que emplearías con cualquier persona ajena a tu círculo más cercano.

Así, el otro día me lo dijo de nuevo. Me dijo que a veces soy muy dura.
Me dijo en un tono lánguido, estirando las últimas sílabas y mirándome con cara apenada: “a veces eres realmente dura”.

Y ¿sabéis qué?

Que me toca las narices. Así de claro.
Acabo de reescribir lo que “me toca”, porque mi frase inicial sonaba demasiado soez.

La próxima vez que alguien me diga que soy dura, le diré que tal vez él o ella sean demasiado blandos.

Tal vez no sea un insulto, una recriminación o un reproche, pero no me sienta bien.
Porque ¿bajo qué baremo miden mi dureza?
Entiendo que bajo el suyo propio.

Así que el otro día casi le suelto un “y tú no seas tan ñoña” a mi amiga germana.
Pero claaaaro…eso suena un poco mal, pero acaso ¿no suena igual de mal decir que eres dura?

Entonces llego a otro pensamiento, al de siempre. Pienso que las que vamos de duras, a las que se nos pueden decir las cosas a la cara, tenemos que tragarnos muchas lindeces que nos espetan sin ningún tipo de miramiento y con la excusa de que somos duras.

Y luego, luego están las personas frágiles, a las que no se les puede decir las cosas tal cual son porque sería demasiado fuerte para ellas.
Así que no se les dicen la cosas, o se reformulan o, en muchas ocasiones, ni tan siquiera se les lleva la contraria, sólo porque no podrían asumir que otras personas sean tan duras, rígidas o firmes con ellas. Se les envuelve la cruda realidad en un paquetito bien bonito, lleno de colores, lacitos y demás monadas.

Pero ¿qué pasa entonces? Que suelen salirse con la suya, que con la excusa de ser blanditas no se les muestra la férrea realidad, ya que podría resultar demasiado contundente para ellas.

“Pobrecita, no le digas eso.” “¡Ala, cómo te pasas!” “No seas así.”

Y cuál es mi conclusión final, pues que esas chicas mojigatas, esas que van de frágiles, esas que enseguida lloran cuando les plantas frente a la cruda realidad, esas que enarcan las cejas sorprendidas cuando les dices lo que piensas de esto o de aquello, esas a las que nunca les dirás lo que opinas realmente porque no sabrían encajarlo… esas… esas son las que finalmente se salen con la suya. Sin esfuerzo, sin enfrentamientos, sin objeciones consiguen lo que quieren.

Estas que somos duras nos tragamos las lágrimas, nos damos de puñetazos contra una puerta o gritamos en un coche cuando nadie nos ve. Estas que somos tan duras, encajamos todo lo que nos lanzan, miramos de reojo y levantamos la barbilla desafiantes esperando el siguiente embiste.

Pero vuélveme a decir que soy dura y tendrás que oír que tú eres blanda.

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4 comentarios sobre “dura de pelar

  1. Buenísimo!! .. Pero vuélveme a decir que soy dura y tendrás que oír que tú eres blanda, genial!!
    No te pasa que hay días que te cansas de que te digan, vengaaa, que tu puedes con todo, tu eres dura!!? y no por pasar a ser blanda, si no porque te cansas de tener que aguantar las embestidas que “te pertenecen” y las de las blandas… un abrazo! recuerdos a todos (y se que te debo un mail… 😦 )

  2. Vamos Ursulilla, no seas quejica…….chata……menos complejos……..

    ¡Con estas bases como no quieres ser dura! Pero algunos sabemos que tu coraza tiene puntos debiles……..y esos estamos para cuando necesitas un brazo en el que apoyarte. Pero por favor, dejate de “ñoñeces”

    Te kiero
    Mona.

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