Bella, perfectly you

No me queda más remedio, no puedo evitarlo y llevo meses pensando que debo escribir sobre las novelas de Stephanie Meyer.

¿Que de quién hablo?
Pues de la J.K. Rowling de los vampiros y los hombres lobo.
Sí, la escritora de la saga Crepúsculo.

Me presento: “me llamo Ursula y soy fan de Crepúsculo.”
“Hoooola Ursula, te quereeeeemos.”

No voy a defender las películas que se han rodado sobre esta serie. Tampoco intentaré hacer entender a nadie por qué me gusta tanto el pálido y escuálido protagonista masculino, pero intentaré explicar este fenómeno de masas y no sólo de adolescentes.
Fenómeno en su inmensa mayoría femenino.

Yo caí en estas novelas por pura casualidad. Por aquel entonces Keké presentaba un programa que se llamaba “Esto no son las noticias” y habló sobre las locas fans que acudieron al festival de terror de Sitges sólo para ver en primicia el trailer de la primera película.
Yo no había oído hablar nunca de esta novela y me conecté a internet para saber algo más. Me había picado la curiosidad.

Leí que trataba sobre vampiros y hombres lobo envueltos en una historia de amor con una mortal. Personajes que siempre me han fascinado y todos juntitos en una historia de amor. Para mí era la combinación perfecta.

Así que me compré el primer libro.
Lo abrí inocentemente un viernes por la tarde y el domingo por la mañana ya lo había acabado. Era domingo y las librerías estaban cerradas. La espera se hizo eterna, pero ese mismo lunes adquirí el segundo volumen.

No sé si fue con el segundo o tercer tomo con el que salí de la Casa del Libro que me puse a engullirlo en el banco que hay por ahí cerca. Me tuve que obligar a volver al despacho cuando, al echar un vistazo al reloj, me percaté que había pasado más de una hora sentada en aquel duro asiento de Passeig de Gràcia.

Y fui afortunada porque al estar acabando el tercer libro ya salió el cuarto.
Volví a la Casa del Libro y aún recuerdo que me tuve que reír porque en la cola para pagar había 3 chicas delante de mí con el mismo libro en las manos y, creedme, yo no era la mayor de ellas. Dos debían estar entre los 25-35 años, pero la otra superaba los 40.

Lo comenté un día con una amiga que rondabalos 50 y también ella estaba enganchada a estos libros que había tomado prestados de su hija adolescente.

¿Por qué resulta tan interesante esta historia para ciertas mujeres que ya han dejado atrás la pubertad?
Es triste reconocerlo pero la historia que se narra es una historia de amor incondicional.
Sé que todos tenéis en la retina la imagen ñoña, cutre y comercial de las películas, pero yo leí los libros antes de ver ninguna de ellas y mi mente reproducía escenas y personajes más cercanos a Underworld que a Candy Candy, que es lo que parecen las películas que han visto la luz finalmente.

Yo me ví absorbida por una historia de amor que nunca había vivido, por una historia de amor imposible, por un amor verdadero, por un deseo incontrolable. Y yo en aquella época estaba carente de todas estas cositas. Cositas que encontraba en aquella lectura.

Curioso que todas las mujeres que ví en aquella cola para pagar el 4º volumen de la serie tuviesen ese brillo apagado en los ojos.

Las adolescentes que lo leen seguramente confien en encontrar a una pareja que las vele toda la noche, que sea capaz de anteponer la felicidad de ellas a la suya propia, que sea el perfecto compañero y amante. No seré yo la que les explique la diferencia entre ficción y realidad cuando yo misma caí presa de aquella realidad paralela.

Sé que se trata de estereotipos trasnochados, si lo sé, pero resultan un refugio precioso cuando tu vida no es lo que habías esperado.

Y sí, cuando fuí a Londres los ví rebajados y los compré en inglés y los volví a leer. Lo confieso.

Pero el último lo leí cuando ya había conocido a mi poconovio y, es curioso, ya no sentía esa adicción por las páginas de aquellos libros. Podía soltarlas y dejarlas durante días enteros antes de volver a retomar la lectura.

Y no diré que él me cobijaba en sus brazos, velando embelesado mi sueño, evitando cualquier contacto físico, esperando mi despertar como el sol del amanecer.
(O al hablar de vampiros y licántropos ¿debería mejor citar a la luna?)

Si él llega a comportarse así en el inicio de nuestra relación, creo que poco hubiésemos durado, la verdad.

Pero al igual que no necesito que me muerda el cuello para convertirme en una mujer vampiro, ya tampoco necesito refugiarme en otras vidas.

No necesito de un hombre para sentirme alguien y tampoco necesito escapar de mi realidad.

Ahora me gusta mi vida y no me cabe duda que soy especial.

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