soñando despierta

A veces pienso que debería callarme. La experiencia me ha enseñado que cuando mejor estás, aparece alguien y lo fastidia todo.
Aunque hace unos meses mi prima me aclaró de dónde procedía ese sentimiento que ella también albergaba. Es el miedo a que papá vuelva a casa. Es el miedo que la tranquilidad que se respiraba entre madre y hermanos se rompa cuando apareciese en escena ese carácter volátil que eran nuestros respectivos padres.

Creo que es por eso y por las enseñazas de mi progenitor, que en algún lugar siguen bien ancladas, que aún desconfío cuando alguien desconocido me pone las cosas tan fáciles.
Aunque haya aprendido en poco tiempo que realmente hay muchas personas de buen corazón, aún me pillo pensando “¿por dónde me la está intentando colar este?”.

Y tengo que relajarme, zarandear todo mi cuerpo y decirme que no siempre hay un oscuro motivo que mueve a las personas con las que realizo transacciones económicas.

Pero me cuesta acostumbrarme a pensar en positivo. Y es por miedo, es por miedo a bajar la guardia y que me ataquen por algún lado que no tenía bien cubierto. Y el que menos cubierto tengo es la cartera.

Meter mi patrimonio en una casa que pese a no conocer siento ya como una parte importante de mi vida, es un paso a sopesar con mucha calma y sangre fría.
Por muchos sentimientos que nos hayan movido a tomar esta decisión, ahora hay que actuar con tranquilidad.
Es una decisión que tomamos con el corazón pero que se debe sopesar con la cabeza.

Pero no puedo evitar pensar en nuestro futuro hogar ahora sí y ahora también, pero sobre todo cada noche antes de dormir, tal y como pensaba en aquel chico al cual nunca me atreví a decirle que me gustaba. Y el temor que la historia acabe incluso antes de empezar, como ocurrió entonces, no se disipa.

La sangre fría y la calma me dicen que todo saldrá, que sólo hay que hacer encajar las piezas.

También pienso en lo que me decía una compañera cuando, hace poco más de un año, compré mi actual piso. Ella me decía que debía visualizarme en la nueva vivienda y, en aquella ocasión la cosa funcionó. Y ya me veo duchándome en el baño de los niños para no despertar a su padre, ya me veo bebiendo una taza de té en aquel balcón, contemplando las vistas que siempre quise ver, acariciando no a uno, ni a dos, sino a tres gatos. Y me da miedo pensar más, porque me imagino las noches delante de la chimenea, me veo pintando las paredes, me veo organizando la despensa, me veo limpiando de nuevo a fondo una cocina, me veo amasando sobre ese mármol, veo a mi madre y a mi hermana celebrando Navidad conmigo, me veo compartiendo esta nueva vida.

Esta nueva vida que siempre soñé, que intuí que existía pero no osaba reclamar para mí.

Así que pese al miedo, pese a la cautela, pese a todo lo que tenga que pasar, me siento feliz, privilegiada, mimada y enamorada como una cría pero con la madurez de todo lo que dejo atrás.

Intentaré centrarme en el día a día, en el paso a paso, soñando con esta nueva vida, lidiando con el temor que algo nos haga tropezar en el camino, pero segura de levantarme para conseguir lo que nos hemos propuesto, lo que me he propuesto.

Anuncios

3 comentarios sobre “soñando despierta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s