los reyes de la casa

Era el mediodía de Reyes y estábamos esperando al ascensor que nos llevaría al piso de mi hermana. Tardaba porque transportaba a personas desde el garaje. En su camino hacia arriba paró en nuestra planta y pudimos descubrir que dentro iban mis dos sobrinos y sus primos.

Javi me vió cargada con cajas en las que se intuía pastel y mientras se volvía a cerrar la puerta del ascensor -dejándoles a ellos dentro y a nosotros fuera- oí como preguntaba:
“¿trajiste plum cake?”
“¡brownie!”, corregí yo a la puerta metálica que se cerró ante mí.
Pero a sabiendas que aún me oía, le grité a la rendija del elevador un estridente
“¡sí!”
Cuando finalmente pudimos llegar a casa de mi hermana, Javi confirmó contento que el brownie era para él. Aunque luego todos comimos de él, más que del tortell, postre obligado en ese día.

Era ya la tarde de Reyes cuando llegaron mi hermano, su mujer y mis otros dos sobrinos. La pequeña me preguntó mientras me abrazaba si había hecho aquellas galletas que tanto le gustaban. Las había probado una vez y más que gustarle por el sabor, pienso que le hacen gracia por los dibujos coloridos y dulces de la superficie. Pero ya son las galletas que “tanto le gustan”.
Yo no llevaba galletas para Reyes, pero le prometí que tendría para el cumpleaños de su tía que sería una semana después.

Otro día, sentada a la mesa con mi poconovio y sus peques, éstos me preguntaron por mi tarta de queso. Recientemente habían descongelado una que dejamos a medias con anterioridad. Corroboraron lo que ya me había dicho su padre, que les había encantado. Me preguntaron si la volvería a hacer.
“Siempre que queráis.” – les prometí.
El pequeño sonrió con la boca abierta.

Hace un par de días estos dos pequeñuelos dieron el toque final a la tarta de cumpleaños de su padre. El menor de 5 años dejaba caer las almendras laminadas y el azúcar a trompicones sobre la crema de queso que cubría la genovesa. Su hermano, 2 años y algo mayor que él, ya tiene más destreza y cuando le dije que el azúcar y las almendras debían caer como copos de nieve, hizo ese grácil movimiento con sus pequeñas manitas y repartió perfectamente ambos ingredientes por el borde del corazón que íbamos  a comer poco después.

Después de la comida, los niños llevaron el pastel con sus velitas a su padre, los 4 pudimos comer de ella, incluso el pequeño que es celíaco.

Al cole se llevaron pastel del cumple de su padre y una galleta decorada que había sobrado del de mi hermana. Esas galletas que “tanto le gustan” a mi sobrina.

No necesito más razones que estas para seguir con mi sueño pastelero.

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2 comentarios sobre “los reyes de la casa

  1. ..y te falta un detalle más: al día siguiente, el pequeño pidió que en su tapper del desayuno del cole le pusiera otro corte de la tarta de cumpleños. Si es que las señales te indican el camino.. LU

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