calma chicha

Mi piso lleva 3 semanas a la venta y además de las agencias inmobiliarias, nadie se ha interesado por él. Tal vez debería empezar a ponerme nerviosa porque todos los informes indican que las dos primeras semanas de la venta de una vivienda son los más importantes. Pero no gano nada sucumbiendo al nerviosismo. Así que entro en esta especie de letargo en el que aparto los malos augurios de mi mente y me centro en el día a día. O al menos eso me digo.

Pienso que debe haber alguien allá fuera que necesite un hogar y que el mío encajará con sus expectativas. Sólo hay que dar con la persona en cuestión. Tal vez deba contratar a unos investigadores privados más que a unos vendedores de fincas. Tal vez debería llenar mi barrio con anuncios en los que ponga: Se busca nuevo propietario. Recompensa: un estupendo piso. Tal vez debería contratar una avioneta que lanzara pelotas con el anuncio de la venta de mi piso. O tal vez deba pedir a los de Phoskitos que en vez de poner pegatinas de los Bakugan pusiesen pegatinas con una foto de mi piso y mi teléfono.

Lo único que me molesta realmente de mí en estos momentos, además de no tomarme en serio esto de la dieta, es que tengo todos los demás aspectos de mi vida sumidos en una especie de stand by.

Imagino que todos mis planes están en atmósfera cero, suspendidos en el aire, flotando como en esas imágenes que nos llegaban de los viajes espaciales. Veo mis 2 semanas en Chicago flotando al lado de mis planes de cambio laboral, también están flotando aquellos cuadros que aún quería colgar en mi piso pero que ya no tiene sentido sacar a la luz, más allá andan suspendidos los planes con amigos, las escapadas, los fines de semana con las chicas.

Me intento centrar en lo que sí está en mis manos, en lo que puedo resolver hoy, mañana, a lo sumo, el fin de semana que viene. Pero inevitablemente me siento como cuando estaba en COU y deseaba acabar con los estudios para empezar con la vida que me esperaba fuera.

La única diferencia entre estar sentada en aquellas aulas y ahora, es que puedo intentar mover las cosas, poniendo a mi alcance todos los medios posibles para acelerar la venta. Así al menos tengo la sensación de que algo puedo hacer, que algo sí está en mis manos.

Y me digo que si al final no sale como habíamos planeado, siempre podré repetir curso.

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