mataro-niana

Acabó la primera semana de mi nueva vida en Mataró y no sé qué decir.

No es ni maravilloso ni es un desastre. Es, es algo positivo. Es rutina, es dormir poco y mal, es enfrentarse a situaciones nuevas, es conducir más, es cocinar de nuevo, es sufrir por mis felinos, es poder contarse cara a cara cómo ha ido el día, es abrazarse cada noche o casi cada noche. Es vida. Es vida compartida. Con todo lo que eso conlleva.

Pienso que todo ha surgido de una manera muy natural porque hemos ido pasito a pasito. Sobre todo pienso que ha sido algo natural para sus peques. Yo aparecí un día y poco a poco empezaron a verme rondando a su padre y su casa. Poco a poco empecé a pasar tiempo y alguna que otra noche con ellos y ahora simplemente ya no me voy. Tal vez llegue el día que deseen que vuelva a irme para dejarles a sus anchas, pero por ahora se acabaron las preguntas del poquenor queriendo saber cuánto tiempo voy a estar aún con ellos o si voy a estar por la mañana cuando ellos despierten.

Y me sorprende agradablemente mi capacidad de adaptación aunque haya quien pueda pensar que soy una tiquismiquis con un sentido demasiado estricto de la propiedad privada.

Hay personas que se adaptan al entorno, yo suelo adaptar el entorno a mi. Al menos en lo que al hogar se refiere. Me gusta crear hogar, hacer que las cosas estén en el lugar más práctico, que cada rincón tenga algo especial, que sea acogedor, que haya cierto orden y limpieza.
Y ahora veo que puedo vivir bajo otras condiciones muy diferentes.  Y con ello no digo que pueda lidiar con la suciedad y el caos, no, no es eso. Pero puedo verme inmersa en un entorno que no es el que hubiese escogido para mi, que no he creado y que tampoco puedo hacer del todo mío. Siempre será su espacio que yo habito temporalmente

Pero eso no es malo, simplemente es.

Algo me deben haber enseñado los cambios de los últimos años. Salir de una casa de 3 plantas para meterme en un piso de unos 50m y ver que necesitas muy poco para vivir y ser feliz es un cambio que afecta a tu radio de acción pero también a la manera de entender las cosas. Entiendes que las cosas son eso “cosas”.

Empezar a vacíar de nuevo mi piso sin sentir la más mínima añoranza es algo que me inquieta un poco. No sé si bloqueo ese miedo a dejar atrás el pasado, enfrentándome a algo nuevo y que no puedo controlar yo sola o, si simplemente, es que ya no me da miedo dejar atrás cosas.

Me he dado cuenta que lo importante es con quién estoy y no dónde estoy. Pero, sobre todo, me he dado cuenta, que lo importante es quien soy.

Y tal vez eso sea justamente lo que haga la convivencia un poco más difícil porque ya no me callo nada. Ya no enmudezco ante comportamientos, hechos o presunciones que no van con mi manera  de ser porque sé que, a la larga, será peor. Aunque tal vez tampoco haya ya tantas cosas que me parezcan tan graves como para discutirlas.

Me aconsejaba mi antigua vecina al verme vaciar mi piso, que no lo vendiera, por si mi nueva aventura no cuajaba. Sé que nada es para siempre, pero confío en este proyecto en común.
Y si no funciona tengo ya mucha soltura haciendo y deshaciendo bolsas, viviendas y vidas completas. Lo importante va siempre conmigo.

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