por poderes

Alguna que otra vez me han dicho la frase: “podrías hacer conmigo lo que quisieras.”

Y normalmente me la han dicho hombres.

Podrías hacer conmigo lo que quisieras

¿de verdad?

Nunca terminé de creérmelo, nunca pensé que yo tuviese licencia para eso, nunca pensé que yo tuviera ese derecho. Ni yo ni nadie.

Pero ¡aijs! qué equivocada estoy.
Soy consciente que cuando tienes pareja puedes llegar a manipularla para que se amolde a tus planes. Puedes llegar a perfeccionarlo tanto que el sujeto en cuestión no se dé ni cuenta.

Pero yo me pregunto ¿de qué te sirve eso?
Obviamente debe haber mujeres que eso sí les sirva.
Pues a mí no, porque me gusta ir de frente y conseguir las cosas después de un diálogo, de una discusión acalorada o incluso no conseguirlas por tener opiniones totalmente opuestas.

Me gusta tener una pareja con las cosas claras que no se adapte a cada uno de los caprichos de mi carácter voluble e inestable. No me gusta manipular a mi interlocutor de tal manera que él crea que está de acuerdo con lo que yo pienso cuando realmente no lo está. Prefiero que se rebote, que se plante, que incluso me diga que ando errada. No me gusta convertirle a mi causa… por muy buena que ésta sea. Si la razón no le convence, no quiero que lo hagan los sentimientos.

Mi exposo había lidiado con muchas féminas antes de conocerme a mí, muchísimas, no, lo siguiente. Eso se notaba en sus dotes amatorias, cuando las tuvo, pero también porque veía venir de lejos a una mujer cuando ésta le quería manipular. Nunca entendió que yo no recorría ese camino. Así que las veces que me hizo llorar, siempre me decía impasible y equivocado: “mujer, llora, que vencerás.”

Alentador ¿verdad?
Debería haber sabido que nunca empleé mis lágrimas más que por tristeza, frustración e incluso desesperación, pero jamás para manipularle. Conoció a muchas mujeres, pero creo que nunca llegó a entender a la que más le quiso.

Pero gracias a eso aprendí a razonar cada uno de mis pensamientos, ideas y peticiones.

Y me encuentro ahora con este nuevo hombre dialogante, comprensivo, empático y altamente manipulable. Altamente.
Y a veces me hayo delante de ese precipicio y sé que con una palabra le podría poner de mi parte. Sé que podría unirle a cualquiera de mis causas con un par de frases acertadas y convenientemente interpretadas. De hecho, las palabras a veces resultan innecesarias; a veces una mirada lasciva, un hombro sugerente o un pecho intuido harían todo el trabajo.

Pero ¿qué ganaría yo con eso?

Y entonces me enfrento a ese poder del lado oscuro, a ese “podrías hacer conmigo lo que quisieras” y pienso que lo único que podría hacer con ello es dejarlo donde está, porque no lo quiero, no lo necesito.

¿De qué me sirve conseguir algo de alguien cuando ese alguien no cree en ello?

No haría más que sentirme mal.

Pero sé que hay mujeres que le sacan todo el partido. Mujeres que convierten a sus parejas en lo que a ellas les conviene. En lo que les conviene en ese momento y en aquella circunstancia. Y me parece detestable aprovecharse de ese poder.
Me parece triste que a los que un día fueron niños no les enseñaran cómo lidiar y resguardarse de él cuando fueran hombres.

Pero más triste es que esas mujeres quieran criar a sus hijos del mismo modo del que tratan a sus parejas. Creando peleles y calzonazos en potencia. ¿Así es más fácil criarlos, tal vez? ¿No se han planteado que es más sano para ellos saber enfrentarse a todo y a todas? ¿Que lo que para ellas ahora es fácil puede condicionar la actitud de esos hombres, que ahora son unos niños, frente a sus profesoras, compañeras, amigas y amantes?

Si pretendemos que nos traten de igual a igual ¿a qué vienen estos jueguecitos?
Si quieres que alguien entienda tu punto de vista, explícaselo con argumentos congruentes, con ideas claras. Y sí así no le convences, deberás aceptar que hay otros puntos de vista, que hay otras maneras de interpretar la realidad. Porque tal vez no tengas claro que las cosas se pueden hacer de muchas maneras y que la tuya no tiene por qué ser la correcta. Aprender eso sería un gran paso adelante. Manipular para ganar una discusión a cualquier precio no es la solución.

Aunque tal vez no se trate de buscar soluciones sino de imponerlas. ¿no?

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