recetas de madrugada

Estoy sentada en una ladera o en un parque o en un valle. Es verde, húmedo y huele a hierba recién cortada. Noto el tacto entre mis dedos, estoy sentada, las piernas estiradas. Aparece alguien a cierta distancia, no logro reconocerle, pero resulta ser un avatar. Se presenta como Àngel, pero sé que no lo es. Habla, pero sus palabras no se oyen, las veo escritas en una pantallita a través de la cual se comunica conmigo.

Suena el interfono que me arranca de este sueño como aquellos extraterrestres que abducían niños en aquella película de Julianne Moore, aquella en la que a los progenitores les borraban el recuerdo de sus hijos.

Estoy sola, es mi primera noche sola en este piso. Mi poconovio está de viaje, volverá mañana, hoy. Y justo esta madrugada ha de sonar el interfono.

Intento dormir y cuando la pantalla y el verde prado vuelven a materializarse, suena insistentemente el timbre del interfono. No ha sido un error.

Me levanto de la cama, enciendo la luz, llego al recibidor, miro la pantalla y no se ve nada, salvo la calle mojada en blanco y negro. De repente una cara extraña con esa mirada en negativo que me ofrece la imagen de este intercomunicador al mundo exterior. Al mundo de la planta baja de mi finca. Espero que de su boca surja un mensaje satánico. De repente  el miedo.

“¿Está la Mari? ¿No es el 5º, 2ª?”

El miedo desaparece, en mí se dibuja el gesto de desdén que recuerdo de mis gatos.

En mi mente aparece esa pantalla que hace unos momentos enviaba mensajes en mi sueño y leo “Buttercream de tiramisú”.

Contesto de mala gana y me vuelvo a la cama. Son las 3 y cuarto de la madrugada. Menudas horas para preguntar por la Mari o por cualquiera.

Menudas horas para pensar en una crema de mantequilla.

En mi mente aparecen las imágenes de aquel video que corre por facebook en el que asustan a personas dentro de un ascensor mediante unos apagones de corriente y una niña vestida con un pijama sacada del pueblo de los malditos.

Enciendo la luz porque sé que el sueño no volverá y quiero apartar de mi mente esas imágenes que están almacenadas en algún rincón oscuro de mi mente. Esas imágenes de películas que nunca quise ver, pero que acabé viendo entre los dedos que tapaban mi cara a la vez que los oídos.

Mejor pensar en
“buttercream de tiramisú”

Mi reino, mi cama, mi cansancio por desconectar mi cabeza. Pero ya es demasiado tarde o demasiado pronto.

Al menos tengo en la cabeza una nueva receta.

Cuando vuelvan a preguntar por la Mari les diré que no, que no soy la Mari, pero que tengo un rico pastel y entonces apagaré la luz y comunicaré mi mensaje diabólico desde una pantallita. Mi risa desquiciada retumbará metálica por el auricular del interfono.

5.50

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