hasta la polla

Llevo tanto tiempo sin hablar, sin escribir, sin dejarme fluir que lo primero que me ha venido a la cabeza es este título. Sí, “hasta la polla”.

Sí, vuelvo a mis orígenes más barriobajeros para abrir de nuevo esta ventana al mundo, pero sobre todo esta ventana que me deja respirar profundamente.

Hoy mi cerebro ha hecho “clic”, hoy de nuevo en el coche, mi mente ha dicho “basta”. Conducir sigue siendo mi mejor terapia, tal vez no la más barata, porque al precio al que está la gasolina, casi me puedo financiar varias sesiones de psicoanálisis. Pero es el momento del día en el que puedo ordenar los pensamientos. Es el momento en el que estoy sola, aislada del ruido y me da por pensar. Fíjate tú.

He estado de baja. Sí, no os rasguéis las vestiduras, no miréis a otro lado evitando la vergüenza ajena que se siente cuando alguien se ha atrevido a dejar de ser productivo. 
Cuando alguien parece convertirse en un parásito social ajeno a los problemas del mundo real.

La amable doctora de la mutua laboral me indicó que me cogiera unas vacaciones para desconectar de todo. Ella obviamente quería que yo cogiera el alta fuera como fuera, incluso fue tan amable de indicarme que nadie me obligaba a estar de baja. Cuando le dije que si no cogía la baja, mi empresa me echaba, ella asentía contenta y me decía que sí, pero que nadie me obligaba a estar de baja. Un apoyo moral sin precedentes.

Pero la doctora en desmoralización tenía razón: tengo que irme, tengo que poner distancia entre mi empresa y yo.

Obviamente mi empresa no acogió esto alegremente, pero hasta hace dos días volver allá me retorcía el estómago, me robaba el sueño y me hacía entrar en bucles de pensamientos negativos y destructivos.

Y cuando me meto en el coche pienso “¿cómo puede un trabajo hacerte sentir tan mal?”

Sólo hay dos personas en este mundo que me han hecho sentir así y ambas están fuera de mi vida. Así que la conclusión es lógica ¿no?

Para terminar de coger fuerzas me voy por una semana lejos de ellos, lejos de esto, lejos de mi yo de bajón, lejos de todo.

Y ya empiezo a respirar mejor, ya empiezo a tener perspectiva. La lucidez que me abandonó hace más de un mes, que asomaba de vez en cuando para cobijarse de nuevo en la incertidumbre – esa – esa ha vuelto.

Espero que no marche.

Estoy harta del miedo, del “y si…”, estoy harta de no verbalizar las cosas, harta de acatar las instrucciones de unos palurdos, harta de comerme el tarro. No puedo más y ahora no hay vuelta atrás.

Me marcho a Londres, me marcho a aprender una semana de manos de una de las grandes de la pastelería. Porque la pastelería sigue siendo mi pasión. Eso es lo que cada vez me queda más claro.

Así que a dos semanas de cumplir los 40 os digo que… que todo esto no podrá conmigo, que ellos no me doblegarán y que estoy cagada, pero que mi dignidad ha dicho “basta”.

 

 

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2 comentarios sobre “hasta la polla

  1. Nena!! Con un par, si señor, si te sobra, pasame un poco!! Ahora en serio, no cedas, disfruta mucho, absorve todo lo que puedas, y vuelveee!! Y también jo dejes d escribir, me encantan tus escritos!! Vivan los “hasta la polla”!! Petons :))

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