2014 ¿ya?

Estamos a mediados de febrero y yo hace tiempo que no piso este blog. El otro día vi que alguien se agregaba a la lista de seguidores y releí mis últimas entradas. Y no dejo de sorprenderme de la capacidad que tengo de olvidar. No hace mucho estaba sentada en aquella agobiante oficina, en aquella asfixiante situación y ahora ya ni pienso en ello. Pero si no hubiera existido aquel tiempo yo no habría llegado a donde estoy hoy.

Han pasado muchas cosas, muchísimas.
Conseguimos la custodia compartida. Mejor dicho, la consiguió mi poconovio (que hoy por hoy es mi parejo establo). No sin batallar, no sin aguantar muchas cosas, no sin ceder en otras más y no sin pagar un rescate. Pero ahora ambos podemos estar más tiempo con los niños y vemos como aquello que sembramos crece, a trompicones, pero crece. Nuestra manera de entender la educación y la vida puede calcarse en ellos con más facilidad. Seguramente la caguemos muy a menudo, pero también creo que estos hombrecillos están aprendiendo a ser más independientes, aumentando así su autoestima y su capacidad de pensar por sí mismos.
Y eso es educar ¿no?

En el atelier fluye el trabajo en equipo como nunca lo pudo hacer cuando empezamos y, estamos viendo como esta nave despega y la sensación en el estómago es altamente recomendable. Poder dar forma a la creatividad genera una sana adicción y resulta tremendamente liberador. Como el hecho de no tener unos jefes casposos.

También supe que mi exposo va a ser papá. Él que renegó de ello la última vez que le vi, ahora espera descendencia. Y me parece genial, aunque le haya sorprendido, me parece estupendo que un niño vaya a llenar aquella casa de vida, aunque sea a estas alturas de la película. Cuando me dijo que la paternidad le había pillado por sorpresa, constaté lo que ahora tengo muy asumido: si no haces que ciertas cosas sucedan, otras sucederán por si solas y a veces no lo hacen tal y como tú lo imaginabas, sobre todo porque no tenías nada previsto.

Y pienso que no puedes permitir que la vida sea algo que te suceda, algo a que culpar cuando las cosas no sean como tu quieres. La vida, tu vida, la diriges tú y si tú no pones todo tu empeño en ello, la vida te zarandeará a su antojo. Podrás lamentarte de “¿Por qué me pasa esto a mi? Siempre me sale todo mal. ¿Por qué yo?”. Pero en el fondo todo esto pasa porque tú no has intervenido en ello cuando tocaba.

Pienso que todo lo que haces tiene consecuencias, pienso que todo lo que digas volverá a ti de una forma u otra. Por eso no miento, por eso intento no enfrentarme a nadie, por eso intento perseguir mi sueño cada día, por eso intento no faltarle el respeto a desconocidos y menos aún, a mis seres más queridos. Por eso, si no quería niños, puse los medios para no tenerlos.

Y cuando me preguntan cómo me va todo, me da vergüenza reconocer que me va genial. Claro que ha habido bajas, claro que he sufrido por el camino, claro. Pero hoy estoy aquí porque es donde quiero estar. Mañana ya veré donde estaré, pero serán mis propios pies los que me lleven.

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