despierta

No estoy segura si escribir este post o si quedarme calladita, pero tengo la sensación de haber despertado de un letargo. Tengo la sensación de haber estado navegando entre bancos de bruma y que desde hace un par de días finalmente puedo volver a atisbar tierra firme en el horizonte.

No tenía claro qué me había llevado a esta situación, pero poco o poco las piezas empiezan a encajar.

Incluso se me hace raro pisar este blog, porque algo del espíritu con el que lo comencé vuelve a brotar y apenas recuerdo ese sentimiento. Debe ser que he desempolvado el perfume de aquel entonces. Debe ser que en el fondo seguía estando yo.

¿Qué ha pasado? Pues todo y nada, en realidad.

Pero llevaba meses ofuscada, agobiada por mi economía, por las responsabilidades, por las rutinas, por mi presente, pero sobre todo, por mi pasado.

Como me sentí tan baja de moral decidí probar con una terapia natural para limpiar mi cuerpo y luego nutrirlo. Pero resultó que debía haberme limpiado mucho más tiempo antes de nutrirme, porque a medio tratamiento, caí en picado y fui consciente de todo… de toda la mierda que aún tengo dentro.

Tal vez la terapia pretendía limpiar mi cuerpo pero al hacerlo salieron todos mis trapos sucios que yo pretendía haber enterrado tan hábilmente.

Y aparecían cada noche en mis sueños, una tras otra, robándome el descanso y la lucidez.

Desfilaron todos mis fantasmas por mi mundo onírico: mi padre, mi ex… y sí, básicamente ellos dos. Pero tienen una sombra tan larga, que a mi me parecieron hordas de fantasmas.

Esto me condujo a darle vueltas a la cabeza al tema de mi ex una y otra vez, en bucle, de una manera enfermiza, de una manera que me llegó a asustar.

Cerraba los ojos por la noche y allí estaban ellos, en su casa, en la mía, en unas ruinas, en un hotel, en un tren, en un camping abandonado. Los escenarios eran diferentes pero siempre eran ellos dos. A veces el uno, a veces el otro. A veces los dos.

Cambié de terapia al reconocer que algo no iba bien y, justo ese día, me vino a visitar una amiga que sabe mucho sobre pérdidas.

Hablamos y cuando ya se iba, volvimos a hablar y le confesé que no dejaba de soñar y de pensar en mi ex.

Barajamos muchas posibilidades, pero ninguna parecía razonable, ninguna me hacía exclamar “Eureka”.

Hasta que al final salió.

En terapia me hubiese dejado todo mi patrimonio y gran parte de mi tan preciado tiempo. Pero con una buena amiga las cosas se hablan en dos horas y con unas galletitas caseras.

Y dimos con la razón. Parecía absurda al inicio, pero al darle más vueltas, cobraba cada vez más sentido.

Mi padre tenía una cosa por la cual yo le apreciaba. Cuando yo tenía una duda laboral, él me decía “salta”. Él era el intrépido de la familia y cuando yo tenía que tomar una decisión laboral difícil le preguntaba a él. No llamaba a mi marido, ni a mi hermana, no, le llamaba a él. Y él solía decirme: “mándales a tomar por culo, nunca se ha jodido lo suficiente a un empleador”. (¿Ahora ya sabéis de dónde saco mi rico vocabulario, no?)

Él fue el que me dijo que me fuera de aquel trabajo en el que sólo duré medio día. Él fue el que me animó a trabajar como autónoma hace ya muchos años.

Él era mi red. Económica, pero también me daba la seguridad que me faltaba para saltar. Yo saltaba y siempre caía de pie. Pero siempre es más fácil saltar teniendo una red debajo que nos protege ¿no? Y aunque no le hubiese necesitado, yo sabía que él estaba allá o eso pensaba yo.

Y mi ex era otro ser que me protegía. Él era grande y con sus abrazos me protegía. No sé de qué me protegía, pero con él me podía sentir frágil y pequeña y, con este tamaño germano que tengo, siempre he anhelado ser pequeñita, fíjate tú qué tontería.

Y hablando y hablando con mi amiga, exorcizando finalmente mis dos diablos, recordé momentos en los que yo me sentí protegida por estos hombres. La mayoría de las veces, falsamente protegida… pero protegida en mi enfermiza manera de entender las cosas, a fin de cuentas.

Se fue mi amiga y el nudo que tenía en el estómago desapareció.

Borré el contacto de mi ex de mi móvil. 5 años después y le borre.

Y reviví aquella conversación con él cuando ya separados tuve miedo de ir a ver a mi padre y le pedí que me acompañara para que me protegiera. Recuerdo que me preguntó por qué no me acompañaba mi nuevo “maromo” (ese comentario denotaba gran simpatía hacia mi nueva pareja) y yo le dije que mi nuevo novio no sabía pegar como él. Nunca llegué a necesitar que me acompañara, igual que nunca necesite que me protegiera ni pegara a nadie.

Pero por aquel entonces ese pensamiento me tranquilizaba.

Pero hoy por hoy no necesito una red ni nadie que me proteja. Pero en parte, es lo que más me asusta, porque eso significa que finalmente soy mayor.

Me ha costado darme cuenta, sí, lo lamento.

En la actualidad estoy intentando llevar a buen término mi proyecto laboral y vital y pienso que sentir que no hay ninguna red bajo mis pies despertó aquellos dos fantasmas de mi pasado. Aquellos dos hombres de los cuales yo pretendía una protección. Protección que nunca llegó, pero que yo sentía de alguna enfermiza manera.

Emprender este camino sin su cobijo ha removido esas aguas.

Y esto me ha hecho caer en la cuenta que la mayoría de chicos con los que he estado, fueron chicos duros, malos, fuertes. Pensé que era porque eso es lo que interiormente me merecía, hoy pienso que es porque buscaba a alguien que me protegiera.

Aún sigo dándole vueltas al tema, ayer por la noche soñé con mi padre. Le despedía en un tren y le pedía que me dejara guardar algún buen recuerdo suyo y que no lo enturbiara queriendo restablecer el contacto.

Mi ex ha desaparecido desde hace dos días de mis pensamientos recurrentes. Esos que aparecen cuando hago tareas mecánicas.

Puedo relajarme porque finalmente entiendo que no les echo de menos, que no anhelo nada de mi pasado, que no me arrepiento de nada.

Puedo relajarme porque ahora soy consciente que no necesito ninguna red por si caigo. Porque ahora sé que si caigo me levantaré yo solita.

Y ha vuelto la sonrisa, vuelvo a pensar en positivo, pienso que tengo una suerte tremenda, que comparto la vida con un hombre que tal vez no me pueda proteger del mal como si de un superhéroe se tratara. Pero pienso que tal vez él no me tenga que proteger, porque ya me sé cuidar porque soy una chica mayor.

Pero el pensamiento que está cobrando fuerza es que no necesito su protección sino todo eso que me da día a día y que yo estaba descuidando ensimismada en mi absurda obsesión.

Todo eso que me da vale mucho más que cualquier red financiera o abrazo de oso.

Así que, llego a la conclusión que estoy más tarada de lo que pensaba.

Sí, tarada pero feliz.

 

 

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